La aterradora sombra de la pandemia está ocultando otro azote: el hambre. ¿Serán correctas las cifras que vienen dándose sobre el número de sevillanos que son ya, de hecho, mendigos vergonzantes? ¿Podremos tirar adelante con un diez por ciento de la población capitalina viviendo tristemente de la sopa boba? Esa otra pandemia apunta ya pero está aún por aparecer como el gran fantasma goyesco, asistida a trancas y barrancas por las instituciones benéficas. Habría que ir previendo algo más que palabras para cuando el desastre económico dé la cara abiertamente, no sólo por elementales razones morales y cívicas sino por imperativo de una paz social que, sin duda posible, ha de verse comprometida más tarde o más temprano. El actual es el peor momento desde la Guerra Civil y no sólo por la tragedia sanitaria.

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