Los suecos atravesaron un mal momento al filo de los 90, una crisis bancaria y financiera, que dicen sus enemigos que los puso de rodillas. Pero fue entonces y no ahora, es decir, sin esperar a que los perros le mordieran los talones, cuando el país se empeñó en las mismas reformas que ahora nos toca hacer a los demás europeos. Reformaron el sistema propio de seguridad social, se decidieron a desmochar su hegemonía a los influyentes sindicatos y optaron por quedarse fuera del euro. En lo primero, han conseguido el éxito, en lo que a los sindicatos respecta –unos sindicatos que contaban con la afiliación ¡de tres de cada cuatro empleados!—lograron reducir su papel hasta posiciones razonables, y en lo que se refiere a la moneda, pues ocurre que, al quedarse al margen de nuestra moneda única y no estar indixada a ella, como dicen los ecónomos, no se ha visto afectada por las turbulencias que traen y llevan al euro como pandero de brujas. En Suecia sostienen que su éxito relativo –pues todo indica que la crisis salpica ya aquel idilio—se debe a la competitividad de las empresas, y nada expresa mejor esa convicción que ese muy calvinista eslogan que reza que en aquel gran pequeño país (poco más de 9 millones de habitantes) “no hay sitio para los segundos”: el que no se embala y destaca, va al agua. Así de duro, así acaso de inhumano. Pero las consecuencias son rotundas: el paro anda por el 5’5 por ciento, muy lejos de nuestras aterradoras cifras; en pleno debate sobre la “segunda recesión”, el país mantiene un crecimiento del 4’1 y la inflación apenas supera el 3 por ciento; el déficit público anda en un 0’3 del PIB y la deuda en un 30 por ciento del PNB. La renta media de un sueco supera los 35.000 euros anuales mientras que la de un español apenas supera los 23.000, casi 1.500 por debajo de la europea. Ellos dicen que cuando su moneda, la corona, pierde gas, el remedio es aumentar las exportaciones, y cuando se recupera y fortalece aprovechan para importar más barato. ¿Demasiado sencillo? No lo sé, que uno es lego en la materia, pero pensando en el bono de los 400 euros o en el reparto de bombillas ecológicas que aquí hemos padecido, lo que se siente es cierta envidia de esos luteranos desacomplejados.

 

No es cosa se suspirar con nostalgia por la vieja peseta, desde luego, ni de apostar por salirse del redil del euro, pero no me digan que la cosa no da que pensar. ¿Por qué un país funciona como un reloj mientras los demás se estancan o descuajaringan a ojos vista? Responda quien lo sepa, pero devolvamos, entre tanto, su mejor acepción a eso de “hacerse el sueco”, que no parece tan malo.

9 Comentarios

  1. Pues si sobre la renta media que usted menciona aplican un porcentaje relativamente alto de impuestos, imagínese la cantidad tan saneada que ingresan para mantener el estado de bienestar. Nada comparable a lo que ocurre por aquí, me temo.
    Sdos.

  2. Si nos hubiéramos quedado con la vieja peseta, hoy nos costaría un euro 400 ó 500 y probablemente ya hubiéramos quebrado sin que a nadie se le pasara por la cabeza un rescate.

    Eso sí, habrían caído sobre nuestras empresas una legión de tiburones convirtiendo a España en una multicolonia de los países desarrollados.

  3. Eso está fuera de discusión, Sr. Griyo, pero no olvide lo demás: que Suecia ya hizo la tarea imprescindible, la que había que hacer cuando muchos se negaban a aceptar la realidad de la debacle que se avecinaba. Seamos justos. También con el señor columnista, el pobre, que se parte el espinazo buscando temas tan diversos.

  4. Don José António, a menudo me encantan sus títulos. Este en particular. …Pues sí, ¡quién fuera sueco !
    Besos a todos.

  5. Nadie plantea que el euroi sea el problema, pero ahí está el ejemplo de Suecia como un reto a la lógica comunitaria. Eso es lo que tiene hacer bien y a tiempo los debres y, por supuesto, no permitirse el lujo impagable de la corrupción en todos los niveles que está desanfrando a esta país a un ritmo mucho más acelerado que los demás. Lo de la Caja de Ahorros que ustedes saben habla por si solo, lo de Blanco también. Créanme si les digo que fervientemente deseo que el Gobierno consiga negar este último asunto.

  6. Me parece, amigos, que el caso no es sencillo de analizar. Un país como Suecia está siempre, de hecho, un poco alm margen de unos y de otros, lo cual los beneficia en el sentido que expersa esas frase sobre la importaicón y la exportación que no se le ha escapado a jagm. Y siendo cierto eso de que han hechos sus deberes antes de que nadie los requiriera a hacerlo, también lo es que la sociedad sueca es un cuerpo organizado desde hace mucho, bien asentado en el deber cívico, dispuesto a repartir las cargas y a evitar las trampas. Y esas son cuestiones éticas y morales –dicemn que hasta religiosas– con las que hay que contar y que por supuesto tienen bastante poco que ver con muchos países y nada con España.

  7. Yo lo que sé es que una caña costaba en mi bar 60 pesetas yel «redondeo» la llevó a costar 1 euro=166, no sé cuantas pesetas.. Luego ha subido mucho como todo lo demás. A lo mejor los suecos se han ahorrado todo eso…

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