Al presidente Griñán no se la ocurrido mejor providencia para hacer caja que vender, por debajo de los precios de mercado, las fincas reservadas en su día en el marco de la fracasada reforma agraria andaluza. Tampoco es que se trate de las joyas de la abuela, eso es cierto, pero la oferta nos trae el recuerdo de un momento de la autonomía en el que –todo lo equivocadamente que se quiera– aún cabía algún margen para la utopía y se le daba cancha a las ilusiones. Hoy no queda apenas nada de todo aquello –las tres “reformas” comprometidas: la agraria, la educativa y la sanitaria, duermen el sueño de los justos–, reducido como está el “régimen” al proyecto a corto plazo que se cifra en la supervivencia. Griñán dice que si ni siquiera encuentra compradores, ya se le ocurrirán “otras medidas”. Pues a ver si hay suerte.

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