El Celta de Vigo, un club con solera que no anda muy bien que digamos esta temporada, ha solicitado a la afición que acuda al campo el día del partido con el Real Madrid provista de agua bendita, patas de conejo y cuantos amuletos tenga a mano para impetrar la gracia del triunfo. El pensamiento mágico es indestructible, seguramente, y ha superado en esta vida los más duros embate de su antagonista, es decir, de la Razón pura y dura, empeñada en demostrar que nada hay en la magia fuera de la superstición de sus adeptos. La magia, no se olvide, es el primer sistema de relación causal que la especie cree descubrir en la Naturaleza precisamente como instrumento para controlar sus efectos y, en la medida de lo posible, domeñarla a placer. A los primitivos que los etnógrafos trataban de desmontarle su fe en la magia, el empeño civilizado les producía el mismo desconcierto y, llegado el caso, idéntica consternación que a los racionalistas les produce la propaganda mágica, algo plenamente explicable puesto que la intuición mágica, en sus diversas versiones, constituye, sin duda posible, el alba de la cultura. Mucha gente que conoce bien el componente mágico de viejas religiones como la egipcia y tantas otras, se sorprende, sin embargo, cuando se entera de que los cristianos primitivos –como la inmensa mayoría de sus contemporáneos de otros credos– no le hicieron ascos a una práctica mágica procedía de las cavernas y que solamente comenzó a ser vista con recelo cuando –a pesar de la aceptación tácita de muchos Padres de la Iglesia, que veían en ella la acción de poderes maléficos (‘daimones’)– la organización, ya dispuesta a ejercer su monopolio de las conciencias, mostró la diferencia que, a su juicio, existía entre la acción llevada a cabo por un “práctico” o una bruja y el efecto mágico, sobrenatural, de ese concepto capital que es el milagro. Eso es algo que explica razonablemente sir Walter Scott y que ha enraizado con fuerza en la cultura occidental hasta lograr que aparezcan como pruebas patentes de certeza lo que, en realidad, no son más que convenciones impuestas. No sé por qué va a ser ni más  ni menos racional un hincha céltico sobando su pata de conejo que Lopera besando fervorosamente en el palco la foto del Gran Poder.
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Ahora se habla de la posibilidad (yo diría más bien de la probabilidad) de que el papa felizmente reinante –tras haberse saltado a la torera los cinco años de espera preceptiva para la beatificación de su antecesor–, tal como éste hiciera en vida con la madre Teresa de Calcuta, lo dispense también de los trámites reglamentarios del beaterio de manera que pudiera verse lo antes posible en los altares a aquel carismático pontífice. Y se dice que, en busca de un milagro incontrovertible, los promotores han elegido el caso de una monjita francesa curada súbitamente del mal de Parkinson que tanto mortificó al propio Wojtila, tras encomendarse fervorosamente a él. Ya ven como también en Roma, como en Vigo, no se descarta la posibilidad de superar la férula de la Naturaleza con la pértiga de la fe haciendo del prodigio un milagro o viceversa, un poco como Ovidio parece que creía en los poderes de la bruja ‘Canidia’ o Teócrito en la bella historia de ‘Samaetha’. Lo más probable es que los forofos celtiñas no sean conscientes de esa invisible cadena cultural que quizá debe más a los grimorios que a los druidas, pero como lleguen a ganarle al Madrid después de tanta derrota, a ver quién es el guapo que les discute con éxito la virtud del amuleto o el mérito del agua bendita. La ventaja de lo irracional es que no se discute sino que se practica y a otra cosa. Y encima, por lo general, buscando el remate oportunista en el área de lo aleatorio en lugar de construir la victoria triangulando talentosamente jugadas matemáticas. Nuestros clásicos tienen a esos magos por gente perdida y endiablada. Flaubert en su ‘Diccionario’ anota simplemente en la voz la magia: “Reírse de ella”.

26 Comentarios

  1. Siempre estuve convencida de que la magia nunca fue aceptada por el cristianismo, ni por el evangélico ni por el posterior. Es un dato que me ha impresionado como tanto de los que recojo aquí, y que me hará pensar lo mío. Lo del Celta, gracioso, simpático, paleto…

  2. Ay, mi don ja, que me lo veo de venir, como dicen en las aldeas, que me mosquea la ironía sobre las canonizaciones y me pone en ascuas su comparación entre esas fenomenologías (¿no se dice así?) religiosas y las mágicas. ¿Es lo mismo una superstición vulgar que un milagro? Pues no le oculto que, en muchos casos, claro que sí, pero yo no liquiadaría así como así la curiosa y extraordinaria evidencia sobrenatural que con frecuencia se nos planta delante. No soy crédulo ni milagrero, vaya por delante, pero crçeamo que me preocupa, como preocupó a algunos de los grandes cerebros que usted suele citar, esa huizida realidad inusual, inexplicable, ante la que la Razón no tiene respuesta, ante la que se encogen los sabios… Ya, ya sé que me dirá que la Razón no dispone ni quizá disponga nunca de respuesta para todo, pero y si…

  3. Amén, padre cura, y mi celebración de la columna, inteligente y crítica de don gm. Se ve que su paso por Roma (¿estuvo el miércoles en la Plaza de San Pedro, según deduzco de uno de sus envíos?) le ha debido erizar la cabellera.

  4. Los gallegos no son ni más ni menos supersticiosos que los andaluces, por poner un ejemplo cercano a jagm. No tienen más que ver a esos romeros besuqueando medallas, a a ese presidente del Betis del que aquí se habla de pasada, a esas “bullas” arremolinadas ante los “pasos”, a esas costaleras rechazadas que luchan por su “derecho” a meterse bajo la trabajadera y dejarse el espinazo en la viga. Ganarle al Madrid bien vale una superstición.

  5. Estupendo comentario. Hay tontos para todo, pero lo admirable es la cantidad de gente –toda una “afición”– que es capaz de seguir el cornetín del tonto.

  6. Pues le digo, Jefe, que allá en la galaica tierra, sustituida la fraga de Fernández Flores por el eucaliptal que arde como la yesca, las meigas van como en retirada y la Santa Compaña no es más que un recuerdo para retablillos como una servidora misma. La zagalería se pone curdaleta jueves, viernes y sábados con pócimas escocesas antes que con orujo de alquitara. Si acaso en Jálogüin -como ortografía maese Bugos- se ponen las mozas el sombrero puntiagudo, escobón en ristre, y los rapaces pasean la calabazota tontorrona.

    (Como esta mañana temprano, tal vez por cosa de algún meigallo, no aparecía la Cruz y sí Belmonte y Aron, y los politiquillos, perdón, los Señores Políticos, esos zombies en su limbo alejado del terruño y carísimo por cierto para el contribuyente, no son altar para mis rezos, me anduve entreteniendo en componer un sonetillo colmatado de ripios. Ahí va:

    Prez al pastor que nos guía, como Argos, de la mano a todo el que como hermano le acompaña cada día. Y caca para el malpensante que su zarpa mete insana intentando en pugna vana confundir al caminante. Se come una rosca inmensa diciendo el tal lo que piensa el gañán que le prodiga zahurda, pienso y mamela y al final de mes, la tela. Al Anfi, Dios le bendiga.

  7. Jefe, incline la cerviz ante bel estro armónico de sorEpipolimórfica, tras esa demostraicón –algo desmedida, me temo– en defensa de lo que es justo y saludable en el blog. En cuanto al ocaso de las meigas, no lo tengo tan claro. Fínjense en los sucedáneos de las viejas supersticiones, esos cazadpres de garabato de futbolero, esos cofrades en auge ya aludidos, el tráfico de reliquias creciente según parece, la idolatría política, el fanatismo vulgar que hace de un a Madona o de un Elton John un fetiche.

  8. Volvamos a los aguafuertes de Valle-Inclán, que conoce el jefe como nadie, contemplemos la Galicia profunda y extrapolemos al profundo planeta en que vivimos, rodeados de supersticiosos de toda laya. Una vez me ontaron en Londres que hubo militante en tiempos que se entrampó de por vida por conseguir una gorra que presuntamente había sido de Stalin, y en mis tiempos en los cafés de Boulevard parisinos se revendían inverosímiles estilográficas de Sartre, de Merleau y demás.

  9. Hoy me veo obligado por mi condición al acuerdo pleno con nuestro “excitator”, cosa que hago de mil amores. La anécdota es divertida, la capacidad de jagm para elevarla a categría dialéctimente, proverbial.

  10. En alguna parte leí que el prestigio mágido de liebres y conejos se debe a sus hábitos subterráneos, interpretados como familiaridad con los númenes, y sobre todo a sus fecundidad. En la Edad Media se atribuía poder sanador a la pata de liebre, pero no creo que ese tenga que ver con la costumbre de hoy de llevar y frotar la pata como amuleto.
    Vea lo que dicen los grandes diccionarios de símbolos. Se enterará de coass bastante más interesantes que la razón de esta memez.

  11. Creo que las supersticiones son todas absurdas pero las vulgares son ridículas. También estoy de acuerdo en que hay poca diferencia entre las supersticiones de una región y otra. Parece que la superstición es un fósil de alguna vieja creencia, cuyo “argumento” se ha perdido con los años, y se conserva solamente por motivos inconscientes lógicamente imposibles de evaluar. SE han citado nates casos de personajes famosos, pero me parece que todos y cada uno tiene su pequeña o gran debilidad. No sólo Francoi viajaba con el brazo de santa Teresa…

  12. Yo tengo un llavero de banco y creo que da buena suerte con las chorbas. Son tonterías pero no le hacen daño a nadie, me parece a mi no? es así, don jefe??

  13. Toca hoy jagm un tema importante, no sólo en psicología sino en la propia historia cultural. Recuédese el tráfico de reliquias, aquí en la columna aludido varias veces con solvencia, por poner un ejemplo, pero hay muchos más. Un viaje a Roma –y el jefe acaba de hacerlo– revela de golpe el inmenso negocio de la superstición que convive con la misma religión que en teoría la combate: cadenas de san Pedro, huesa del mismo, sangres, prepucios y otros residuos venerados, columna de la Flagelación… ¿Por qué considerar esos objetos como venerados por tradición y a la pata de conejo puro fetiche?

  14. SE ve que el tema gusta, don josian, ya sabe que el blog respira un poco por el lado laico. Pero me extraña que nadie haya reparado, salvo el Páter, en la intención de ja de equiparar, salvadas las distancias, entre la superstición llamada “popular” y las “oficiales” que van en el paquete canónico, por ejemplo. Es magnífica y cierta la observación de que la Iglesia no condena en absoluto (y los Padres aceptan) la superstición hasta que se percatan de que constituye un elemento de competencia. La separación entre presunto prodigio mágico y milagro es decisiva, como se indica en el artículo, pero no liquida las objeciones planteadas más arriba por varios blogueros y por el propio jefe en la columna.

  15. No entiendo el escapismo de jagm, siempre proponieno reflexiones en torno a temas anécdoticos, por muchoi que luego trate de profundizar bajo la superficie, mientras el país se debate entre dos bloques igualmente insensatis y digo igualmente con la conciencia clara de que discrepo de él y de la mayoría de este blog. Sea yo de la parte que sea, no me digan que no es lógica mi censura, teniendo en cuenta lo poco que se lo piensa gm para censurar a otros.

  16. ¿Está seguro gm sobre esa dispensa que asegura que Benedicto va a conceder a Juan Pablo II? ¿No estará hablando de memoria ó haciéndose eco de alhunos malintencionados? Sólo lo pregunto, no lo afirmo, pero me inquieta la gravedad del aserto.

  17. TRanquilícese usted, fray gerundio, que el anfi suele documentarse a fondo. No iba a fallarnos esta vez en algo tan “sensible”.

  18. Bajo el impacto de lo ocurrido con Otegui, lamento no tener fuerzas para comentar este interesante tema que, en todo caso, veo que ha suscitado la atención de mucha gente. Al señor que ahí más arriba le pide a jagm que se meta en harinas de actualidad y sentido político, le digo que no: hace bien el titular en mantener este espacio de debate libre y culto al margen de los pleiros zapateriles.

  19. 16:28
    de Pepe Griyo para don Roque

    Sobre la suerte que pueda traer la pata de conejo, le puedo asegurar que al animalito que fue su legítimo poseedor junto con las otras tres con que le dotó la naturaleza no le trajeron ninguna.

  20. Se nos invita hoy a considerar la fuerza del pesnamiento mágico (“es indestructible”, dice la columna) frente a la exigencia rigurosa de la Razón, y echo de menos algo en que el propio jagm ha insistido muchas veces y es teoría comunmente aceptada, esto: que ambas modalidades de la reflexión humana conviven en el hombre, imponiéndose cada una de ellas según las circunstancias. Son unos ilusos quienes se creen racionalistas puros. Por supuesto, sería van la pretensión de atenerse en exclusiva al pensamiento mágico. Todos miteamos esas dos maneras de pensar, que debieron ser coetánes en los orígenes, pues el humobre empezaría a deducir relacivones lógicas al tiempo que a intuir razones mágicas. Elogio de nuevo la capacidad de gm para jugar con estas profundas razones sin que se note. Ese es el quid del columnismo, aunque haya que lamentar que no son demasiados los cultivadores del gñenero que poseen base cultural e intelectual suficiente para escribir en esa clave divertida.

  21. Fuera de contexto.
    La sentencia del tribunal que ha juzgado frustradamente a Otegi (u Otegui) debería reproducirse todo lo posible. No he visto un gseto más enérgico dle poder judicial desde hace mucho tiempo.
    )¿Habrá que acabar llevándose la ata de conejo al estrado?).

  22. Dice gm que a los primitivos les cabreaba que les traran de desmontar sus creencias mágicas. ¡Pues anda que a los civilizados…!

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