En los felices 60 y70, corrieron noticias sobre presuntos “experimentos” desaprensivos cuando no criminales que habrían hecho o estarían haciendo las potencias del mal encabezadas, ni que decir tiene, por los EEUU. Una de ellas sostuvo que la Administración yanqui practicaba ensayos de guerra vaporizando, en los retretes de bares marginales, mórbidos contaminantes cuyos efectos seguirían luego, discretamente, unos servicios hospitalarios avisados con antelación, atrocidad, por cierto, nunca desmentida del todo pues ciertos papeles desclasificados probaron que los gobiernos respectivos conocían de sobra aquel crimen. Otra más verosímil, decía que entre los veteranos de Vietnam se había detectado un síndrome específico con altas probabilidades de haber sido causado por los químicos tóxicos empleados en la contienda, y en especial por los defoliantes con que se asolaron las selvas del país. Y lo propio ocurrió tras la primera guerra de Irak –la de papá Bush–, tras la cual fue haciéndose imposible al Pentágono mantener el desmentido sistemático, toda vez que hubo de acabar aceptando la tutela médica de al menos 80.000 veteranos a los que trataba inútilmente de sacudirse invocando el consabido estrés postraumático causado por la acción, ya que muchos de ellos ni siquiera pudieron entrar en combate a consecuencia del dichoso síndrome. La última de la serie se puede leer estos días en la prensa francesa más solvente enredada en el debate de qué pasó en realidad en los primeros 60, cuando el ejército galo “experimentó” con tropas convencionales, en el desierto argelino, los efectos de las armas nucleares, extremo finalmente confirmado, cierto que en términos no poco jesuíticos, por el ministro del ramo Hervé Morin. No somos nadie, hacen de nosotros lo que quieren, incluso utilizarnos como cobayas, no ya para favorecer el progreso (lo cual sería más que cuestionable) sino para averiguar modos más efectivos de matar. La rehostia, dirán ustedes, y no seré yo quien les afee la expresión.

 

Lo que cualquiera se pregunta es por qué, una vez descubiertos estos atentados, sus responsables no son juzgados con la dureza que exige la razón democrática, aparte de cómo será posible mantener ese principio básico de integración social que es la confianza en el Poder. La historia de nuestras democracias está infectada por este virus maquiavélico cuya última pirueta ha sido la alarma de la falsa pandemia en que la mayoría hemos picado. Y no hay más que un paso entre la desconfianza y la anomia. Puede que la crisis de la democracia anunciada por los sociólogos de la política tenga en esta quiebra su causa más directa.

13 Comentarios

  1. Juegan con nosotros, con todos: con los alimentos, con las medicinas, con estos instrumentos secretos. Todo por el poder, como en el lema antiguo. Experimentar con ho,mbres que van a una guerra es el colmo. Los Parlamentos y Gobiernos deberían ir en vanguardia: se acabarían los coflictos y los absusos.

  2. Pues yo sigo creyéndome la especie de que el SIDA apareció por primera vez entre los homosexuales de Los Ángeles a partir de un chapero expresidiario con el que habrían experimentado un virus artificial que, aparentemente, resultó ser inocuo por su largísimo periodo de latencia.

  3. Cuesta creer estas cosas, incluso sin llegar a los extremos legendarios a que llega don Griyo, pero demasiados indicios indican que son ciertas. Lo del síndrome de Irak es ya aceptado sin reservas. Lo malo es que aquí tenemos otros que no queremos ni mencionar. Me extraña que don gm, hijo predilecto de Huelva, no haya recordado el que dicen ciertas autoridades sanitarias de prestigio que se prodice en su tierra.

  4. Es un asunto que pone los pelos de punta. Tratarlo en frío, como hace jagm, lo revela todavía con mayor dureza, porque es incomprensible para muchas personas normales, gracias sean dadas, que desde el poder se juege con la cida y la salud de ese modo. Claro que no sé por qué extrañarse de que hagan eso en la guerra cuando la guerra misma –que hoy nos retransmiten en directo– es ya de por sí una aberración que escapa a la capacidad de comprensión humana normal.

  5. Pienso que el Poder siempre ha jugado con los de abajo.Lo de la experiencia francesa en el desierto argelino es cierto: el hermano piloto de mi mejor amiga murió de ello, sin que las autoridades sanitarias ni el ejército quisieran reconocerlo.Creo que Nestlé jugó con las poblaciones andinas, no sé que pais nórdico con sus locos, los USA con sus presos, Rumania con sus reciennacidos y un largo etc.

    Lo que pasa es que ahora,cuando abren la caja de Pandora lo que se escapa es mucho más mortífero, primero porque los aprendices brujos saben más, y segundo porque somos muuuuuuuchos más.
    Besos a todos.

  6. Hay dos extremos candentes en esta historia. El primero es la ineluctable proposición de que la actual campana de Gauss de la democracia se va acercando al eje de abscisa de forma imparable en el continuo subeybaja de la Historia. ¿O es que los totalitarismos de principios, o del primer tercio del s.XX, vinieron de gratis, llovidos del cielo? El otro es derivado del anterior: si se olvidan los principios básicos de la liberté, egalité, blablablabla, casi todo vale, el cobayismo humano, Nestlé como bien dicho queda o el otro laboratorio doichts, en cuyos infiernos se cometieron los más viles experimentos con carne humana viva.

    Dichosos -puta morcilla soy, repitiendo una y otra vez- los que vamos a palmarla antes de que esta era de la humanidad se escape definitivamente por el sumidero. ¿O llegaremos a sentir el atronador ruido estando aún conscientes?

  7. Apartado de la tertulia por una ausencia, vuelvo atraido por este temna del que he hablado alguna vez con ja, hace mucho por cierto, coincidiendo con él en su inexplicable vesania. ¿Se puede ser tan malo, tan indiferente ante la suerte del Otro, como para permitrir o ejecutar ese tipo de experimentos? Es evidenet que se puede y ja lleva razón cuando dice que hay pruebas desclasificadas.

  8. Una historia terrible, de la que no dudo, además, ya que uno va estando curado de espantos. El tema fue muy aireado por la prensa americana y también por la euriopea, pero lo cierto es que, coimo todas las noticias, al Poder le bastaba con sentarse a esperar que la novedad se agostara. Ya poca gente se acuerda del síndrome de Irak y si el caso francés resurge ahora es probable que sea a consecuencia de que está en trámite una ley que propone indemnizar a los militares con secuelas provocadas por el servicio.

  9. Hay días en que le pediríamos a jagm piedad al elegir los temas. Comprendo que ya es heroico lo suyo, pero ¡¡¡con la que está cayendo, vamos a pararnos a mirar con atención estas barbaridades!!! En serio, es terrible todo eso que parece que está demostrado. Lo que no quita que una sienta como una mano apretándole la garganta al verse enfrentada a la realidad.

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