No hace falta mantener intacta nuestras devociones juveniles por don Miguel de Unamuno para reconocerle una prodigiosa capacidad para clavar con breves sentencias los más complejos problemas. Uno de esos aciertos suyos que no se deberían caer de la memoria es su dictamen de que lo que mueve la Historia de España no es la ‘lucha de clases’ sino la ‘guerra de tribus’. Don Miguel comprendía el potencial histórico de la dialéctica estructural –bien conocemos su juventud socialista– pero estaba lo bastante familiarizado con el pasado español como para ver que lo que en él pesaba más, a fin de cuentas, no era siquiera la losa de las desigualdades sino la obsesión lugareña por la diferencia, el prurito aldeano de la singularidad (es decir, de la superioridad) de lo pueblerino sobre lo nacional o, lo que viene a ser lo mismo, la confusión fatal entre el sentimiento comunitario básico y el proyecto romántico de ‘nación’, ese “plebiscito de todos los días” de que hablaba Renán. Es cierto que a don Miguel le tocó vivir una coyuntura lamentable –que como vasco logró implicarle en la medida que hoy conocemos bien—pero sin duda posible la que estamos viviendo hoy en España no queda a la zaga de aquella ni por sus perspectivas ni por la posible irreversibilidad de algunas de sus consecuencias. Hace poco decía un ministro del Gobierno que le parecía muy precipitada la propuesta de un “charnego” para presidir la Generalitat y hace un par de días ha sido el propio President quien ha mantenido en público –evidentemente en alusión a la candidatura del andaluz Montilla—que tienen escasa credibilidad las posibles candidaturas a presidir el gobierno regional de españoles nacidos fuera de Cataluña, pongamos por caso alguien, como ese ministro, nacido en un pueblo andaluz. La “naturaleza”, el origen de la persona, marcan, pues, su destino político incluso en el caso de esos reconvertidos, no pocas veces renegados, que aceptan gustosos el dictado de “charnegos” con que se les insulta desde la xenofobia excluyente. Unamuno llamaba “política de campanario” a las que se centran onfálicamente en su identidad entendida como valor. Hoy debería bastar con responderle a los xenófobos del PSC y a la compañía secesionista con el reproche constitucional.

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Los políticos pueden desdramatizar cuanto quieran pero no tendrán modo de esconder el efecto rompedor que sobre nuestra realidad histórica tienen estas veleidades pardales que han conseguido ya lo que tal vez no logró ni el seísmo separatista durante la última República. Y si alguien lo duda, ahí tiene a todo un ministro o a todo un ‘president’, no ya boicoteando el uso inmemorial de la lengua, sino haciendo del nacimiento local, en un alarde de ultrarromanticismo de lo más añejo, una condición inexcusable para la idoneidad presidencial. El nacionalismo es ante todo una xenofobia, la creencia, verdaderamente idiota, de que hay razas, como la propia, superiores a otras y que, en consecuencia, no es posible la igualdad entre los ciudadanos de un territorio sin menoscabo del imaginario derecho autóctono. Malraux estaba convencido, en cambio, de que, tanto para lo bueno como para lo malo, estamos ligados a la patria común en términos tales que no encontraríamos manera de ser europeos sino asumiéndola en su compleja y plena realidad, y partiendo luego de ella. Claro que Maragall no es Malraux ni nosotros somos ya uno de esos pueblos europeos a los que la conciencia clara de lo que costó la ‘nación’ ha hecho enterizos hasta el chauvinismo. Puede que antes de lo que piensan algunos andemos aquí también dándole del revés, como le dan ahora en Alemania, al manubrio de la desnacionalización, pero para entonces puede también que de esta catedral soberbia que un catalán eximio como Pí y Margall veía en la antigua España histórica no quede ya más que un solar.

14 Comentarios

  1. A los que ya peinamos canas -topicazo, Epi- no nos tienen que contar muchas cosas de por qué viniendo de donde venimos, hemos llegado a donde estamos. Crecimos en una infancia quizás demasiado próxima al trienio cainita 36-39; soportamos el tirirí del parte de una radio única y luego, unos con más adelanto y otros cuando ya se afeitaban -servidora, las piernas, claro- abrieron los ojos lo suficiente para que la mirada sobrevolara los Pirineos. Bendita editorial Losada que nos acercó textos “prohibidos”.

    Cuando la fecha comenzó a tener un siete delante, muchas ya teníamos un bagaje ideológico madurito. Aún tardó unos años en enfriarsele el paladar al Viejo, pero como “resistentes” nos caían bien vascos y catalanes. Algunas tuvimos a alguien que nos pasó páginas ciclostiladas de “El ideal andaluz”, que sonaba bastante a tocho. Lo cierto es que cuando llegó el café a todas las mesas, nosotros pedimos del bueno. Ay, en mala hora. Porque los que se creían con derecho exclusivo a tomar café, en seguida pidieron que el de ellos fuera carajillo, con churros y con derecho a idioma exclusivo y en mesa de caoba.

    Lo ha explicado alguien muy bien en estos días. Los históricos, y un mojón, con todas mis excusas a los ojos lectores, no querían café. Querían que su mesa aldeana estuviera más surtida, fuera más exquisita que todas las demás, y que si alguien se acercaba a ellas, fuera para fregar el suelo, llamárase Montilla el camarero o llamárase López, que en este caso tenía que no hacerle ascos a los cuajarones que hubiera por allí.

    Desde Miguel Yuste se esfuerzan en adoctrinarnos que vamos a un nuevo modelo, que si qué antiguos con la unidad y cosas así. Lo cierto es que los cofrades del Gran Poder, por causas que no se me alcanzan, ven muy bien que puesto que no nos pueden echar del AVE, la clase Club hable en polaco o en euskaldún. Se suprime cualquier clase intermedia y el resto que viaje en turista. Es que huelen a pies, oigg, dicen tapándose sus exquisitas narices. Y se llaman socialistas,. No te digo.

  2. Leído aquí en USA resulta emocionante el ingenio de don MIguel. Y esa frase es espléndida: un retrato d elo que pasó y está pasando otra vez. Ya ves, maestro, que los clásicos nunca está de más, aunque se trate de un clásico olvidado, como nuestro Unamuno el excesivo, el fantasioso, el ingenuo, el feroz.

  3. Y que cura se perdieron ustedes, Páter de pueblo, con Unamuno (y estoy por decir que también con don jagm). La columna de hoy doice cosas oncontrovertobles que caerán muy mal a los charbegos de dentro y de fuera del blog, pero yo también creo que hay que decirlas y desmdramatizar lo imprescindible, peo ni una micra más.

  4. Y escribe la pluma de AGT:

    Sigues sin comprender la cuestión esencial. No es la cultura selecta, ni el nivel cultural de las masas, ni el malestar económico, lo que moviliza a los gobernados contra el mal gobierno. Los pueblos, como los idiotas, se instruyen con el acontecimiento. Cambian los reyes de religión, y en un solo día cambian las creencias religiosas de “su” pueblo. Huyen los reyes, y en un solo día sus países se hacen republicanos. Jamás debemos pensar que la ilustración en la libertad política será el factor del cambio de régimen político. Nosotros estamos formando y organizando la parte laocrática de la sociedad moderna, la minoría que creará por sí misma el acontecimiento revolucionario. LO INESPERADO que cambie, en un día catártico, la mentalidad de servidumbre y de bajeza por la de señorío ciudadano.

    Confiemos en el idelismo moral, el realismo intelectual, el valor cívico de los ciudadanos que se integren en este muestrario del potencial tercio laocrático de la sociedad. Este tercio inconformista no es una invención mía. Está demostrado en el comportamiento de los gobernados europeos durante los dos últimos siglos.

    No pensemos en objetivos lejanos. Nuestra meta actual, el objeto de nuestra atención y esfuerzo, es la conquista de la hegemonía cultural y politica en la sociedad cibernética. Los primeros síntomas son alentadores. La idea de República Constitucional ya está asociada a nuestro MCRC. No solo en las indicaciones de Google, sino en los medios convencionales (en televisión incluso. Teníamos que privar a Zapatero de su oportunista propaganda de la II República, para que no desarmara o adormeciera la fiebre republicana. En el diario “El Mundo”, el excelente periodista Martín Prieto planteó ayer la elección entre República parlamentaria de Zapatero o República Presidencialista de Trevijano. Y se quedó con ésta. Esa opinión la veremos reproducida en todos los medios si no cejamos en nuestro empeño.

    Se han producido 9 mil visitas en este blog y 25 mil páginas leidas, en tan solo tres semanas. Si no estamos convencidos de nuestra potencia, ¿cómo vamos a convencer a nadie?. Yo no soy un desconocido que busca una plataforma electoral. Si os he convencido de que ha llegado el momento de la acción para las almas nobles y fuertes, ¿por qué será tan difil que el MCRM organice la nobleza y la fortaleza de los demás?. No podemos tener la pretensión de ser los únicos. La imaginación crea más obstáculos a las acciones imginativas, que las éstas encuentran en la realidad. Actuemos y analicemos. Saludos.

  5. Vaya lío laocrático, colega. Si alguien lo ha entendido que levante la mano y digo ¡”Yo”!

  6. Por fin, encuentro en algún sitio (y el del Maestro es excepcional) la explicación que andaba buscando a los muchos males de ‘catetos’ que nos invaden. En la Universidad española, al menos, y, por supuesto, en la andaluza, los que prevalecen al final y los que gobiernan en la oscuridad, sin dar nunca la cara, son las tribus, los grupos más reaccionarios y más cerrados que existen. Prefieren perder a que otros ganen, prefieren el chusco suyo al maná ajeno, y así sucesivamente. Ahora entiendo por qué los españoles no aprenden segundas lenguas y ahora entiendo por qué razón despreciamos siempre lo ajeno y defendemos lo indefendible propio. Ahora, también entiendo lo del fútbol y las pasiones tribales de sus seguidores. ¡Qué torpe he sido y qué torpe soy!

  7. Profundamente intrigada por su comentario, docto AVR, no sabe cuánto le agradecería que lo aclarara un poco. ¡Una es tan limitada en su capacidad de exégesis! Haga pedagogía, doc, porque creo intuir que apunta a buena pieza.

  8. Para ARV.
    Xoder, Rector, apunte más fino que parece que nos ametralla a todos. ¿A quién se refiere? La claridad ante todo, Rector, la claridad.

  9. El nacionalismo es un invento de derecha que cuando ha prosperane en España ha sido propiciado por la izquierda. No olviden eso ni los críticos “viajaos” ni los “catetos” lugareños. Hoy entre nosotros no enfrentarse a ese problema es complicidad, negocio o ambas cosas a la vez. En el caso de los charneguitos apenas es baile de perrillo por las migajas sentimentales del festín.

  10. MI Sr. Charnego, en verdad impertinente, le apunté una ayer que no olvido: su entusiasmo por Trevijano. ¡Qué pedazo de líder, Trevijano, qué mérito el de la eterna disconformidad, qué gema refulgente el radicalismo…hacia fuera! Mire, Charnego, ese monstruo que lo trae sin resuello es el mismo que le hacía, POR DINERO, la “Constitución” al tirano guineano Macías, el intrigante eterno que jugó sus bazas en la Transición como las hubiera jugado en cualquier otra timba. ¡Vaya descubrimiento que ha hecho usted! ¡Éramos pocos y parió la abuela! Si los “males de la patria” han de depender de los Trevijanos, avados vamos los españoles, incluidos ustedes, los españoles a palos.

  11. ¡Así cómo vamos a arreglar la patria los “limpios de corazón”!, los que no queremos fronteras entre los hombres, ¿echando llamaradas por la boca para quemar a los que no están de acuerdo?

    He creído leer en algún comentario que esta gente nacionalista se siente superior a “los otros”. No hay mayor pecado que picarnos con ellos, es mejor ignorar, sobre todo porque en España y en el Mundo hay problemas más acuciantes para trabajarlos que ocuparnos de las imbecilidades.

    El nacionalismo y todo lo que huela a fronteras entre nosotros es una imbecilidad, pero peor para ellos.

    Nosotros, como por cojones, tenemos que respetarlos, sólo podemos estar con las orejas tiesas para que no nos quiten lo que sea nuestro. ¡A pagar a millón las lechugas, que los hierros no se comen!

    Siempre tengo en mi corazón una pequeñísima novela de Unamuno, sólo pequeña en páginas, claro, “San Manuel Bueno y Mártir”. Sé que no tiene relación con el tema de hoy, pero como José Antonio lo ha mencionado no me he podido contener y la he recordado. Nuestro Sr. Cura de pueblo se puede sentir reflejado en ella, y no le podría echar mayor piropo, ¿verdad?

  12. “Nosotros estamos formando y organizando la parte laocrática de la sociedad moderna, la minoría que creará por sí misma el acontecimiento revolucionario. LO INESPERADO que cambie, en un día catártico, la mentalidad de servidumbre y de bajeza por la de señorío ciudadano.” Dice nuestro iluso Charnego.

    “En el caso de los charneguitos apenas es baile de perrillo por las migajas sentimentales del festín.” le encara Sierrabullones certeramente´

    Por si no lo entendió: Un charnego o un maqueto es un ciudadano de segunda que se pasa la vida haciendo la pelota a los señoritos para ver si alguna vez los admiten entre ellos, todo ello a cambio de su dignidad. ¡¡Allá Vds.!!

    “LO INESPERADO” es que un mindungui con cuatro votos y medio sea el puntal imprescindible para que el president aguante un día más en la Generalitat y que a su vez el president sea el puntal imprescindible para que el presidente de todos los españoles aguante un día más en la Mocloa.

    En resumen Carod Rovira tiene la posición azarosa del copo de nieve que provoca el alud.

  13. No, no doña Atelite, don Manuel Bueno, que lo era de sobra, no coincidía conmigo en una cosa ba´sica: yo creo lo que digo y profeso, y él no. Él hubo de pasarse su vida haciendo como que, yo no. ¡No me tomen a chacota las cosas de fe, que merecen un respeto por aquellos que las profesamos! Y luego crean lo que gusten, o como cree ingenuamente el bueno de don Griyo de sí mismo, no crea en nada. Y en cuanto a lo de la imbecilidad nacionalista, qué quiere que le diga un cura de pueblo: que tampoco es tan fácil escapar a los efectos de un imbécil si al imbécil se le deja previamente campar por sus respetos.

  14. Guerra de tribus es un retrato fiel de lo que está ocurriendo. Hya que imaginars ea esta tropa de trincones sentados en la tienda fumándose la pipa ellos solos mientras el resto de la tribu trabaja y paga sus impuestos. Buen retrato, jagm, y buen recordatorio de Unamuno. No está de más, auqnue sea para cabrear a los charnegos.

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