En EEUU ha levantado tremenda polvareda la publicación de la foto de un joven cabo moribundo en el campo de batalla. En España ha pillado por sorpresa la noticia de que nuestras tropas “en misión de paz” han dado muerte a trece taliban tras seis horas de duro combate, sorpresa prolongada en la previsible decisión del Gobierno de aumentar significativamente las tropas, como le solicita la propia Oposición. Tenemos la máxima paradoja imaginable: una ministra del Ejército pacifista a la que las circunstancias (y ya se sabe la flexibilidad con que los políticos se adaptan a ellas sean las que sean) van a convertir, si Dios no lo remedia, en estratega de una guerra abierta que, por si fuera poco, parece poco probable, casi nada, que pueda acabar ganándose. “El rostro de la guerra es la derrota”, escribió Magris, la guerra es un negocio en el que todos pierden (salvo los especuladores), pero lo que no existen son “guerras humanitarias” ni tonterías semejantes. Como pasara con Irak, donde ahora comienza la cuestionable retirada, en Afganistán pintan unos bastos para los nuevos aliados que recuerdan no poco a los que acabaron rompiéndole la crisma bajo el casco al penúltimo Ejército Rojo. Estamos en guerra, pues, hay que admitirlo, aunque sea, de momento, en una guerra de relativa baja intensidad, en la que, eso sí, sólo matamos (como ya lo hiciéramos en Irak) en defensa propia. Lo que no tiene sentido es seguir manteniendo la pamema de que nuestras tropas están en Irak como misioneras pacíficas ni como salvadores bien acogidos con flores en los fusiles. Vamos a ver cómo se consuma esta paradoja del pacifismo armado hasta los dientes.

Se ha dicho, y no una sola vez, que es por completo hipócrita hablar de “misiones de paz” llevadas a cabo por contingentes militares. Defender el derecho de injerencia, como hacemos muchos, no supone aceptar la causa imperialista pero tampoco negar la inevitable índole marcial de toda intervención armada. En Afganistán, por ejemplo, una cosa es discrepar de la presencia internacional en el conflicto y otra muy diferente apostar por ella bajo la equívoca especie de la intervención  pacificadora. Nuestros soldados son combatientes de buena voluntad, si se quiere, pero en el campo de batalla los combatientes de esa condición pueden matar a trece enemigos si en ello les va la vida o, incluso, el éxito de su legítima misión. ¿Qué no hay guerras justas, que todas las guerras son malas y que en ellas pierden incluso los que las ganan? Bueno ahora ya sabemos lo que el espíritu pacifista le dura al pragmatismo de la política. En USA reproducen el fariseísmo camándula que en los años 60 ocultaba los desastres de Vietnam. En España es una ministra que escaló defendiendo la paz quien conducirá esta guerra imprevisible

6 Comentarios

  1. Lisístrata al revés, la ministra es buen ejemplo de las ambigüedades y cinismos del Sistema. Me alegra escuchar esta reivindicación de la paz hecha desde el sentido común que se resiste a los eufemismos cobardones de tanto pacifista de pacotilla. Estos invadirían Japón si fuera necesario para mantener sus cargos. Y si no veanm a la pacifista mandando ¡fimes!

  2. Zêtâ -no olvidemos que la Chacona solo es una monaguilla, sacristana a lo más- ha mentido una vez más con el envío de más carne de cañón a Caballokistán, porque sus mentiras son ya un componente más del paisaje y uno lo ve hasta normal. Jodido, pero normal. Lo que no me da igual es que unos gobiernos o gobiernillos que se dicen de izquierdas despilfarren los dineros del sufrido contribuyente medio mientras las grandes fortunas -las grandes defraudadoras- se les van vivas de las manos. Será que no tengo un hijo cabo.

    Como no quiero que me acusen luego de salirme del orden del día, traigo a la memoria al difunto Palomino Molero. ¿Quién lo mató? Los peces gordos. ¿Quienes son esos soldaditos que matan y mueren en ese paisaje lunar con amapolas? Despojos de la ESO, infraalimentados de Latinoamérica, desesperados de los servicios de empleo y en la otra acera, hipoproteicos de siglos, analfabetos que no distinguen la A de la K de sus fusiles, pobres fanáticos fáciles de engañar. Al menos Palomino se hizo soldado por amor. Estos otros, que se ponen firmes o ciegos de opio, lo hacen por hambre. He aquí la homilía de hoy, día del Señor.

  3. Enérgica exigencia de razón en la columna, muy inteligente comentario de Yamayor. Incluso ne los días devastadores de la canícula, dar una vuelta por el Casino suele ser interesante. El origen social y económico de este ejérciro, en definitiva, mercenario, se ha señalado muy bien. Añadiría que «mercenario» no quiere decir aquí más que «profesional» y que el trabajo militar es tan digno como otro ncualquiera mientras la Humanidad considree que los Ejércitos son necesarios. Do ja en el fiel. Me gusta esa seguridad crítica y autocrítica que bien reconozco en él.

  4. Esto es una vergüenza tipo informe pelícano, siempre hay alguien detrás que es el que disputa sus intereses, siendo la guerra sólo el disfraz de todo el espectáculo.

  5. Y luego ganaron las elecciones bajo la bandera de las mentiras de Aznar para comenzar la guerra de Irak entre otras causas valientes demagogos caraduras

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