Alfonso Guerra es un demagogo y no sólo en su estricto sentido etimológico. Lo ha demostrado desde siempre, y acaba de ratificarlo en Huelva en un mitin en el que no se ha privado de chascarrillos hasta merecer que un joven periodista lo incluya en la nómina del “Club de la Comedia”. Guerra es la parte cómica de este espectáculo que hay que reconocer que es aburrido hasta dejarlo de sobra, pero sabe dosificar la literatura entre sus improperios. En Huelva también lo ha hecho con un teorema tan impecable como simplón: “Socialismo es que nadie sea tan rico como para poder poner de rodillas a nadie, ni nadie tan pobre como para verse forzado a ponerse de rodillas delante de nadie”. Ahí queda eso, a mil leguas ya del “socialismo científico” pero en el epicentro del eterno seísmo sentimental.

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