Una jerifalte ministerial altamente sensible, la secretaria de Igualdad del ministerio Caldera, ha revelado el propósito del ultrasensible Gobierno de “promover” en los colectivos inmigrantes un debate sobre el uso del velo musulmán en las escuelas. De nuevo se produce, pues, el curioso efecto advertido por Vargas Llosa cuando la discusión francesa, en el sentido de que, curiosamente, los papeles ideológicos aparecen invertidos en esta porfía, de modo y manera que la izquierda, real o sedicente, defiende el uso de esa prenda claramente discriminadora de la hembra, mientras que los sectores conservatas (en Francia, como sabemos, desde Raffarin hasta la ultraderecha lepenista) aparecen en escena como los resistentes que se niegan a aceptarla. ¿Cómo explicar que el progresismo defienda ese gueto indumentario impuesto –no hay forma de negar esa evidencia—por el exclusivismo machista vehiculado en la tradición religiosa? Pues quizá de ninguna manera, al menos si se mantienen claros los principios, y mucho menos aún si se tiene en cuenta que, aparte de la taxativa y desacomplejada prohibición francesa, no hace mucho que la ultrapermisiva Holanda ha decidido excluir el ‘burka’ y en la propia Italia parece inminente su prohibición legal. Nuestro progresismo débil está resultando incapaz de percibir el grave riesgo que subyace en la fantasía multiculturalista, y ciego ante la evidencia de los estragos que una observancia religiosa contraria a los derechos humanos universalmente consagrados ha de acabar provocado inexorablemente. Los símbolos van de avanzadilla en esta calculada invasión en la que nos jugamos unas ventajas civilizatorias adquiridas trabajosamente a lo largo de milenios. Olvidar esto o cerrar los ojos para no verlo constituye una imprudencia que ya veremos hasta qué punto resulta temeraria.
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Hemos hecho hincapié otras veces en el hecho difícilmente discutible de que la multiculturalidad ha de tener su límite infranqueable en el respeto a los valores indígenas y, en especial, a aquellos que suponen un avance manifiesto de la libertad de las personas. No será más libre la escuela española porque en ella se limite el derecho elemental de las mujeres a vestir de acuerdo con la convención local y, desde luego, en modo alguno supone un plus de libertad esa censura “de género” –como seguramente diría esa secretaria—que no cuenta con el hombre al que ninguna prohibición limita la exhibición del cuerpo. No se entiende, por ejemplo, cómo se concilia la exigencia del derecho absoluto al propio cuerpo que reivindicamos para la mujer con esta humillante limitación de su albedrío, máxime cuando sabemos de sobra que, al margen de mínimos reductos fundamentalistas, que los hay, el gran problema del machismo inmigrante es justamente la imparable tendencia de sus mujeres jóvenes a adaptarse a las formas de vida occidentales. Sí, ya sé que cierta izquierda traga con carros y carretas, como sé que en Marruecos, un poner, las mujeres siguen siendo inferiores a los varones porque el PS local se inhibió en la votación de una ley de igualdad, pero también sabemos que, tras el ejemplo francés, una fuerte discusión divide a este respecto a la militancia de la izquierda europea. Y es que, encaje mejor o peor en la corrección política, la verdad es que no cabe seguir sosteniendo que todas las morales religiosas son iguales o tienen los mismos derechos, porque de aceptar eso tendríamos que asumir, de paso, el derecho de esos primitivos a casar arbitrariamente a sus hijas en matrimonios de conveniencia o, por qué no, en el que les asiste para mutilarlas sexualmente o para castigarlas de modo canónico con una buena vara verde. Vargas lleva razón –como tantas veces—al ver una paradoja en esa extraña distribución de papeles políticos. Y uno diría que allá la reacción con su tema, pero que a la izquierda no le queda otra que aceptar la realidad y dejarse de novelas.

13 Comentarios

  1. (Jo, Maestro, ya mismo tenemos aquí al M. español soltando sus truños para todos nosotros.)

    Pero el tema es de una relevancia que merece la pena que la Epi se deje de chuflas. Lo que sí es cierto es que tras los avionazos del 11-S se ha recrudecido el fundamentalismo en todas partes. Ya conté cómo mi dulce vecinita, nacida en Expaña y una criatura dulce y apacible, desde un tiempo a esta parte -ya debe tener los veinte cumplidos- ha empezado a usar el hiyab o como se llame, preferentemente negro últimamente, mientras al principio los conjugaba con el resto de la ropa. Hace tiempo que dejó de ponerse vaqueros y ahora usa mucho la kandora. Me temo que la costurera le esté preparando un burka.

    El problema es gordo, porqu pesa mucho más la actitud de una minoría, ¿minoría?, fundamentalista, que la de tantos y tantos moderados, dentro de lo que se puede llamar moderación. Creo que el único camino, puesto que los hechos y los números son los que son, es que los políticos fomenten el peso de esta gente moderada y con todo el rigor del mundo se aplique la ley a lo que de perverso y terrorista se diga y se cueza en las tropecientas mil mezquitas de las que están trufadas nuestras ciudades. Lo malo es que la izquierda, como el centro, la derecha y los mediopensionistas, hará malabares si es preciso para sacar un voto de donde sea.

  2. Otra vez que se equivocan, que no enitnden nada o ¿que no quieren entender?, pero este es el futuro, aunque les pesa a ustedes. Que son xenófobos, no hace falta decirlo. Doña Epi es muy graciosa, qué gracia, por favor, metémdose con la morita, ya podía acordarse de su juventud o de su madre, que seguro que llevó velito a misa.Vayánse todos a la mierda, y tan contentos, Ah, y jódanse, que es lo que hay. Por cierto, seta mañana he oído (no escuchado, sino oido) al jefe de fila en Herrera en la Onda, y ppro supuesto tampoco entiende nada de lo que ocurre entre el papa y el Islam, o entre Turquía y Europa. Especialmente él, váyase a la mierda.

  3. He ido a la mierda y no he podido entrar: estaba abarrotada de moritos, y en la misma puera andaba la madre del moro.

  4. Lo de «morita» lo ha escrito usted,mi don M. Yo la he nombrado como mi dulce vecinita, a la que casi he visto nacer, crecer, jugar en la plazoleta, reir y andar y moverse con exquisitaa femineidad cuando la naturaleza la hizo florecer. No hay sexismo en mis palabras sino la constatación de hechos de los que he sido testigo. Ya mozuela, he contemplado cómo era una más de un grupo de chiquillas que se arreglaban con el gusto y la libertad que son propios de nuestra civilización.

    Algún demonio en los que ustedes los fanáticos creen ha entrado en ella y le ha podrido el espíritu. Hace mucho que no la veo sonreir. Simplemente me da pena. También asco y rabia de quien le empozoñó el alma.

    Yo no le mando a ningún sitio, mi don M. Sólo deseo que lea usted una traducción del Libro donde no brille la ira, ni el odio, ni el rencor. Y le envío un recado de paz y equilibrio espiritual.

  5. Por favor, no nos perdamos de nuevo, que el tema es tremendo y lo que apunta la columna –la paradoja de derecha/izquierda a propósito de él– sumamente curiosa. Lo delm velo es una provocación, como lo sería que un cristiano intetase (sólo inetntase, claro9 llevar una cruz visible a una escuela en uno de esos exigentes países.

  6. Va lista, doña Epi, pidiendo blanduras. Mire al propio papa en Estambul, denigrado por un puñado de exaltados, y con un presidente negánbdose a recibirle. (Escucho en la radio esta mañana a ja culpar al propio pontífice. ¡A ver cómo le llevo la contraria!

  7. Lo de Estambul es grotesco, pero grotesca ha sido la actitud atemorizada del papa (al margen de la oportunidad o inoportunidad de su comentario de Ratisbona), su diálogo con el teólgo de Fez y demás debilidades. A este paso no podremos exponer nuestro desacuerdo con nada que el fanatismo sostenga. Y eso me parece un retroceso digan lo que digan los bobos de la «alianza».

  8. Hace unos veinte años que, a quien quisiera oirme, le decía que tendríamos un problema gordo con tantos emigrantes musulmanes. No por ser musulmanes, sino por ser tantos y por ser demasiado distintos a nosotros.Creo que el problema todavía no ha culminado: tiene que llegar lo peor.
    Sin embargo pensaba que cada cual podía conservar sus costumbres, siempre y cuando respetara las leyes del país. Hoy he cambiado de parecer. Creo que ya no podemos hacer como en el imperio romano, donde cada comunidad conservaba su lengua, su religión, sus costumbres, su forma de vestir y de vivir. La democracia exige una participación y el consenso de la población. En la democracia, el poder no impone su voluntad sino que , en teoría, realiza la voluntad del pueblo: si el pueblo tiene aspiraciones opuestas o muy diferentes ¿cómo gobernar?
    De todas formas vemos lo que pasa en países como Holanda, Líbano y demás.
    Respecto a la aparente oposición que hay entre el hecho que sea la izquierda que defienda la burka, y la derecha que se oponga a ella, hace tiempo que para una multitud de ideas, la oposición izquierda y derecha es un absurdo. Parece bastante incre¡ble que la izquierda haya podido anatemizar a las derechas y encarnar para muchos, la generosidad, o el progreso cuando se ve lo que ha pasado en los países socialistas. Por otro lado, las derechas se han caracterizado a menudo por una visión estrecha , mezquina y a corto plazo del poder. Para mí, la oposición izquierda derecha es un sinsentido.

  9. Conforme en muchos extremos, doña Sicard, pero me suena poco ese reparto de méritos y responsabilidades: la izquierda/sovietismo siniestro; la derecha sólo cortas de vista y algo mezquinas.¿Qué me dice de Pinochet, de Videla, de Franco, de…? El jefe defiende (tiene un libro sobre el tema, que yo he leído con atención) la vigencia de esa par de conceptos que responden a dos concepciones del mundo diferentes y opuestas en gran medida.
    En cuanto a lo de la inmigración, ya más de acuerdo, aunque no del todo. El proyecto «multicultural» en que anda empeñada la corrección política (de ambos bandos) es el culpable. El extranjero ha de adaptarse al país de acogida, no diferenciarse dentro de él. Que lo digan los parisinos, los marselleses, los almerienses…

  10. Por qué contestás a ese boludo cantamañana de M., estimada doña Epi? El jefe siempre tuvo que soportar esos moscardones, desde que yo recuerdo, y nunca les hizo caso. Al final se aburren, en cambio a usted la esperamos muchosy la echamos de menos cuando tarda. Muá a usted también.

  11. Me encanta lo del «ministerio Caldera». Esa jefecilla se va a enterar de lo que es jugar con fuego en cuanto el debate se dispare y tras el velo venga el burka. No se olvide que ya hay escuelas en España (
    por ej., en Andulucía: que me desmientan los andaluces del blog si me equivoco) que carecen de profesores sustitutos y ordenadores pero tienen clases de árabe y de religión coránica, entre otras.

  12. Don Marcopalo, gracias por sus palabras. ¿Me puede dar las referencias de la obra aludida? Gracias de nuevo

  13. Volviendo al tema, habría que contabilizar muertos y responsabilidades concretas.Pero no es que unos muertos anulen a otros, es que se suman!Yo no digo que las derechas estén exentas de toda culpa,ojo! Pero que tienen una reputación de generosidad y de progreso usurpada eso sí.

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