El feminismo de nómina ha reclamado en el Parlamento de Andalucía la reserva de un cupo de puestos de trabajo públicos para los transexuales. Pero no para todos ellos –como con prosa hilarante ha comentado ya aquí Javier Caraballo—sino sólo para los hombres a los que su ‘disforia’ lleve a transformarse en mujer: a las mujeres que, llevadas de idéntica ‘disforia’, pasen a la nómina masculina, que las parta un rayo. A mí lo que me extraña es que un todo un Griñán consienta estos cachondeos, entre otras cosas porque, en fin de cuentas, la exigencia a ultranza de la llamada “discriminación positiva” implica, en sus inevitables excesos, la intolerable defensa de “desigualdad ante la Ley”. Hay permisividades que matan. Y ésta puede ser una de las más ridículas.

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