Nadie se ha tomado en serio nunca el desafío de las mujeres en el curso de la vida. En las imaginaciones de Aristófanes, que las filmaba rebelándose contra los machos de la “polis” y negándoles el débito, se ha creído ver la ironía sobre todo y hasta un sólido fondo de machismo detrás de la aparente ginofilia. Lo mismo que en las “madames” ilustradas del XVIII, protectoras de nuestros máximos talentos, se ha propuesto la imagen “rafinée” y “amateur” de una casta dominante en la que los méritos propios o eran excepcionales o se limitaban al “salón”. El tiempo ha demostrado, sin embargo, que de las dos hipótesis –el desafío y el patrocinio—ninguna lograría jamás su objetivo que, entre otras cosas, nunca fueron un objetivo “de género” sino una vocación individual. Fuera de las reinas y heroínas, las mujeres no han copado el poder por sí mismas hasta que se han matriculado en las oposiciones y vencido a los hombres en el que se consideraba su propio terreno, más allá de cuotas y trampas retóricas, a temazo limpio, de tú a tú. El estudio de un profesor de la Carlos III acaba de demostrar, números en mano, que ha sido en esas oposiciones en las que el mujerío se ha encaramado de verdad al poder, al conseguir ser la mayoría de las aspirantes pero también de las aprobadas en las duras pruebas de acceso. En la abogacía del Estado, en la judicatura, en el registro o la notaría, en la inspección de Hacienda, es decir, en todos los llamados “grandes cuerpos” del Estado, ellas han impuesto su ley consiguiendo la mayoría sobre los varones en términos concluyentes. Lo que hacía falta, pues, no era un ministerio de Igualdad sino una mesa de estudios, un pijama y la determinación de quemar unos años de la juventud en esa guerra inmemorial. Hoy ya se puede decir que la victoria es suya y, por vez primera en la Historia, no sólo sin el varón sino frente el varón. Bibiana Aído no lo sabe pero sigue jugando a las casitas.

Han quedado a la altura del betún los Shakespeare, los Schopenhauer, los Taine, los Swift, los Wilde y tantos otros que han ido acumulando bobadas sobre el concepto e imagen de la mujer en términos que hoy, sobre todo a la vista de estos resultados, nos dejan turulatos. Un macho alfa como Ortega llegó a decir que “la mujer, si es algo, es atractiva, eminentemente atractiva” y, que yo sepa, nadie le replicó nada, pero es justo reconocer que la minusvaloración de la hembra es una invariante del pensamiento de la especie que expresa con ella abruptamente su condición zoológica. Dentro de una generación serán ellas las que manden y las Thatcher o las Merkel constituirán tan sólo los pródromos de este segundo Neolítico.

1 Comentario

  1. Creo que de todo tiempo las mujeres hemos sido no más listas, sino más sabias porque más adaptadizas. Menos músculo pero más sesera. Nuestras abuelas tenían la suma inteligencia de dejar al hombre el liderazgo, fingiendo debilidad e ignorancia, merced a lo cual ellos mandaban y velaban por los otros, y así se sentían indispensables.
    Hoy los hombres se sienten desbancados, e inútiles. Algunos se vuelven egoistas y consumeristas y otros deprimen y buscan un sentido a la vida mientras que las mujeres luchan denodadamente para que se les reconozca tanto mérito como al tipo de al lado. Para que a una mujer se le reconozca algún mérito tiene que hacerlo mejor que cualquier hombre a su alrededor y en menos tiempo.Lo malo es que muchas mujeres para seguir subiendo tienen que imitar a los hombres y eso sí que es triste.
    Un beso a todos.

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