La presidenta Díaz ha invitado a la fiesta de los 36 años de autonomía a los ex-Presidentes Escuredo y  Borbolla. De Chaves y de Griñán no ha querido saber nada, por lo visto, aunque entre ambos hayan gobernado esta taifa más que los otros dos. Es una precaución comprensible, ya que el juicio de los dos excluidos es inminente, pero contrasta, ciertamente, con las ambiguas posturas procesales de la Junta. Y permítanme una malicia: doña Susana quiere alejar de sí el fantasmón del gran fraude de los ERE al que, sin embargo, ella, bien mirados los calendarios, quizá no es del todo ajena. La lealtad en política es una virtud por completo prescindible. No tienen más que ver cómo se ningunea a quienes hasta antier fueron los jefes intocables.

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