Dice el PP que va reclamar “todos los días” una explicación suficiente a la candidata del PSOE a la alcaldía de la capital, Manuela Parralo, por el indudable caso de favoritismo (vamos a dejarlo ahí) en la adjudicación a su hija de una plaza de profesora en el instituto Alto Conquero. Enfrente, se mantiene la estrategia del hermetismo absoluto –la del “ya escampará”—tal vez sin calcular debidamente el perjuicio que a la imagen de la aspirante a sustituir a Pedro Rodríguez está causando este escándalo indisimulable. Desde dentro del propio Instituto se murmura que siempre se supo para quién sería la plaza e incluso se desliza la hipótesis de que semejante gesto fuera la contrapartida a la delega por el mantenimiento del centro en su actual categoría. Demasiadas zonas oscuras, demasiada nueces para tan poco ruido. Si Parralo no explica ese quizá inexplicable enredo –porque si dispusiera de una salida fácil ya la habría tomado– saldrá mal parada del brete, aunque sólo sea porque siempre se ha dicho en castellano que quien calla, otorga. 

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