La polémica levantada por la sugerencia de la ministra de Medio Ambiente (ella dice que sacada de contexto, pero bueno) sobre la solución que supondría reducir el consumo de agua a sesenta litros por habitante y día no ha hecho más que airear un tema tabú al que nadie quiere enfrentarse en esta parte desarrollada del planeta. La situación real del problema, desde luego, justifica de sobra la preocupación de la ministra española, con independencia de que tal vez su comentario no fuera afortunado o careciera del imprescindible peso argumental. Que hay sed en el mundo, que hay muchedumbres privadas del agua en vastas zonas del planisferio conocido, no es ninguna novedad. Hace años hizo furor la noticia –las imágenes, porque fue una tv la que lanzó el tema—de las madres etíopes obligadas a recorrer leguas diariamente para acarrear hasta sus míseros ‘hogares’ (valga la expresión) la cantidad mínima exigida por la subsistencia, y no menos ruido vienen provocando, sobre todo en la sensible Europa, los avisos de las organizaciones sanitarias de mayor crédito sobre el impacto mortífero que la escasez de agua supone para muchos pueblos afligidos por tasas de mortalidad infantil idénticas a las de hace siglos. Famosa fue la campaña de una ONG, creo que “Médicos sin Fronteras”, cuando organizó una intensa campaña basada en la idea de que un simple lavado de manos reduciría exponencialmente las enfermedades infantiles más mortíferas. Pero si ya sabíamos que más de mil millones (uno de cada cinco) habitantes de la Tierra carece de agua limpia en su vida diaria y que millones de niños fallecen anualmente por esa carencia atroz, el Informe sobre Derechos Humanos 2006 de la ONU viene ahora a reforzar el viejo argumento de que esa situación critica –de la que en absoluto se libran los países desarrollados– no se debe tanto a la escasez del elemento como a la exclusión provocada al alimón por la pobreza y la pésima gestión política de ese recurso. Más apocalíptico si cabe, algún experto sostiene que no hay que descartar que una discriminación vital semejante pueda traducirse en conflictos violentos a corto y medio plazo, un hecho que, después de todo, no constituye ninguna novedad en la historia humana, tantas veces polarizada en la lucha por la exclusividad del pozo o por el control del río. Lo único nuevo en esta vieja guerra es el hecho de que la escasez afecte también al paraíso y no sólo a los trascorrales del universo capitalista. La imagen (divulgada hace años) de la madre sedienta con el cadáver del niño en brazos no es ni de lejos tan inquietante como la del grifo seco en París o en Nueva York.
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Es probable que la solución no estribe tanto, pues, en contingentar rigurosamente el agua, o en aumentar su precio, como se viene haciendo ya muchos países europeos (el precio español es ridículamente bajo en relación con los vecinos), sino en atacar a fondo una situación social que parece haberse conformado con indiferencia con el carácter estructural de su marginalidad. Hay diferencias, hay despilfarros, hay pérdidas lamentables en la gestión del agua, por supuesto, aunque lo que hay, sobre todo, es una tremenda conformidad con la injusticia como lo revela que si en USA o Japón un ciudadano dispone para su consumo de 350 litros de agua al día y en Europa alcance los 200 litros, la media en el África subsahariana se discute si queda más cerca de los 10 o de los 20 litros por persona, es decir, un abastecimiento insuficiente que pone en peligro la propia vida. Y lo malo es que se habla mucho y se hace poco. Siempre que sale este tema recuerdo la elocuente broma de Henri Michaux, ese genio que pateó tanto mundo olvidado, y que venía a decir que si un contemplativo se echa al agua, no tratará de nadar sino de comprenderla, con un previsible resultado: que se ahogará. He cerrado mi dossier sobre al agua, pleno de protestas y admoniciones, sin poderme quitar de la cabeza la imagen de ese ahogado.

14 Comentarios

  1. Retrospectiva:
    ‘Epiceno’, querida dama gala, como bien ha explicado doña Epi, es eso, nombre “común” (ese significa ‘epi-koinos’, ‘sobre algo que es común’) que designa animales para los que no hay disitnción nmnal entrer ambos sexos (Vid. Lázaro Carreter, “Dicc. de Términos Filológicos”). Lo que jagm quiere decir al usarlo aquí parece claro. Su guasa –encantadora siempre– se hace más dúctil cuando bromea sobre estos extremismos léxicos que han conseguido en el Estatuto de Andalucía su expresión irreparable.

  2. La sed, tema apasionante, motivador, casi más que el hambre. No es la primera vez que lo saca a paseo el jefe, y hace bien, porque esas imágenes son demoledoras. Se ha dicho que un grifo puede cambiar la vida de una comunidad y hay organizaciones (Manos Unidas, sin ir más lejos) que lo han demoistrado muchas veces. Las cifras son impresioonantes y siempre conviene recordarlas. Esta tarea callada, laboriosa, de búsqueda de datos y exégesis de las estadçisticas hace de la columna de jagm uno de los rincones más atractivos de la presna española, al menos para las personas que busquen en ella algo más que pronunciamientos partidistas o fuegos artificiales.

  3. De nuevo el humanismo de ja, su esforzado segumiento de la realidad y sus cambios, su defensa de los débiles. De nuevo, una prueba de senisbilidad que poco tiene que ver con los enfoques economicistas o sociologistas que con frecuencia vemos. Es duro ese trabajo si, como consta, el que lo realiza espurga fuentes, confronta informaciones, depura datos para ofrecernos luego, limpia, una visión crítica de lo que se trate. Esto es periodismo importante, pero también espíritu cívico honesto, conciencia política recta. GRacias una vez más.Los sedientos del mundo se lo agradecerían su sus palabras les llegaran, que no han de llegarles.

  4. Hay datos mucho más alarmantes, aunque por lo visto lo que se pretende aquí no es más que meterse con la Narbona. Haga un esfuerzo, ínclito superman.

  5. ¡Lo que hay que oír! Por mi parte, lo contrario: gracias, jagm, por facilitarnos los datos que nos ocultan los políticos y no querrían ver los estómagos agradecidos como el que acaba de vomitar aquí arriba.

  6. Se ve que lo conmueve el problema, porque ya lo refirió varias veces. A mí tamibén. Como madre incluso, no puedo ver esas imágenes de madres sedientas con el latón arrastrando y el niño a la espalda. Los datos, supongo que exactos como es habitiual en gm. Si considera otra cosa ese Mago de pacotilla ¿por qué no da los que él tenga? En cuanto a lo de la Narbona, se equivoca. GM mantiene buenas relaciones con ella desde hace mucho, y si no, pregúnteselo a ella misma, que debe de tenerla cerca, aunque sea “en espíritu” partidista.

  7. Si señor, lleva razón: el rpecio del agua es clave en nuestros países, donde se utiliza de modo despilfarrador y a un precio irrisorio oara los europeos. Es más, tenemos que adaptarnos a las directrices comunitarias europeas en poco tiempo y establecer un precio lógico y no un simulacro, y ésta es la hora en que las aurtoridades (oinlcuida la sra. Narbona) no tienen ni idea de cómo hacerlo.

  8. Siempre fue el agua motivo de disputas. En la Biblia se habla de las luchas por los pozos, en Valencia se reñune –aunque ya sea sólo para turistas– el Tribunal de las Aguas, a las puertas de la Catedral. La historia de la Humanidad es sedienta, lleva razón el sr. gm., como es hambrienta, cosa que él mismo no descuida al recordárnoslo con frecuencia. Pero eso no quiere decir que no se pueda hoy poner orden en esa antigualla que es la lucha por el agua. La actitud de los aragoneses y catalanes con el trasvase del Ebro mismo, es despreciable por lo que tiene de ignorante y de insolidaria. Y el PSOE manteniendo un criterio en Almería y otro en Zaragoza. Vean como el tema del agua es, en efecto, como sugiere la columna un asunto político, un negocio más bien.

  9. Hay revoluciones que tienen que hacerse desde arriba. ¿Lo dijo algún sabiote de esos que el Maestro domina? Pues si no, lo digo yo y con ello hago gala una vez más de mi ignara osadía.

    Viene esto a cuenta del temita -temazo- que nos disponemos a abordar. (Seguro que hoy se mueven más los comments, ya que siendo día feriado, alguien habrá por ahí que le hurte minutillos al tiempo laboral). Sin más dilaciones digo que al menos en esta Expaña de nuestros dolores, el agua es un bien en litigio, pero muy mal administrado por sus administradores. O sea, por los de arriba.

    He leído o he escuchado que en Madrid, cuando a los gatos les abren los ojos los mandas, advirtiendo que hay poquita agua -mala leche sobra-, como ciudadanos que caen en la cuenta -¡los donuts!- y responsables que son, en seguida se nota en que los contadores bajan de forma considerable. Pero estos mismos gatos de los madriles saben también que las condiciones de las conducciones son de pena. Hasta un 50%, la mitad del agua que viene del Lozoya, se pierde, se filtra, se derrama por cañerías del año catapún, por canalillos que crían malas yerbas todo el año a su paso, por conductos de plomo con más fugas que las de presos con permisos de fin de semana.

    Y eso no puede ir el madrileñín con un soplete y una carga de tubos de pvc a arreglarlo. Tendrán que ser los obreritos de doña Espe o los currelas de Gallardín quienes pongan fin al desaguisado. Lo que pasa es que luego ninguno de entrambos va a poderse hacer foto o poner plaquita “el tanto del tanto de dos mil tantos, siendo… se arregló este saliero…”

    Luego está el asuntejo de los regadíos. Servidora, que lleva este año más hora de volante que un camionero, ha visto por los campos de la Patria, huy perdón, se m’hascapao, cómo se riega a manta, por inundación, como en el siglo XI -ay, las acequias morunas- campos de algodón, de remolacha o de girasol, que luego tiene que venir mamá UE a subvencionar y que tal vez se queden hasta sin cosechar, porque ya se cobró.

    A más, a más. ¿Qué me dicen de los campos de golf? (No puedo resistir la tentación del chiste malo: en el golf, que se juega con pelotitas y un palo, resulta que hay que meter la pelotita en vez del palo. Juas, juas). Pues resulta que es un juego de ingleses, el putt, el green y todo eso. Lo que pasa es que a los ingleses el riego se lo pone la madre Natura en forma de lluvia y aquí hay que sacarlo, juas, juas, otra vez, de reciclar el agua que sale de nuestras cisternas.

    Mientras, en Almería tienen que hacer maravillas con los cultivos hidropónicos, rizando el rizo con cada gota, mimándola, acariciándola y reutilizándola como oro puro que es.

    Conste que a mí la chica Narbona me cae bien. No tanto la Coves, los andaluces saben de quién hablo, que no es más cursi porque la Calvo que le hacía competencia anda -y por muchos años- por Madrid. Pero mi doña Narbona tenía que poner firmes a más de cuatro de los que se sientan en el zapatético consejo de ministros y luego poner el precio del litro de agua a la altura, como mínimo, del de calimocho.

  10. Eso de doña Epi se llama amaneramiento, me parece a mí, suponiendo que…, o sin suponer nada, en fin, que les vayan dando a todos.
    Un musulmán español

  11. Qué decirles, aparte de que el tema es de los que conmueven la conciencia. Vivimos de espaldas a la tragedia, no queremos saber nada de cuanto ocurre a nuestro alrededor, incluso cuando, como en este caso, ya podemos ver en éste las orejas del lobo.
    Nota bene: No comprendo por qué no se excluyen los insultos o los mensajes que sólo buscan ofender o molestar. Eso, amigo jagm, no es censura por muy puritano de la democracia que usted sea. Ni usted ni nosotros tendríamos por qué soportar a estos agresores cobardes, por lo general, además, memos de solemnidad, que degradan nuestro amigable ambiente.

  12. Beso su mano, sr. ropón, aunque lo que el cuerpo me pide con más urgencia –lo confieso– sería responderle a los bellacos ocmo se merecen. Mi don Josian passssssssssa mucho, estpy en ello, no ha nacido boludo que le cambie le paso a alguien que sabe mucho de inquinas, envidias y demás males de esa patria de ustedes, que considero también mía.

  13. Pasen página, por favor. Al tema, como ha hecho doña Epi, como han hecho otros. Hoy se nos habla de algo muy serio y creo que debemos corresponder con seriedad. Ya el otro día escuché a gm dialogar con la ministra en la radio de Carlos Herrera, Onda Cero, con una discreción que traslucía su buena disposición hacia quien, como e´l no dejó de decir, ha diho digo y Diego varias veces ya en esta cuestión. Referido al mundo pobre la cosa es sangrante, claro es, pero sin salir de aquí no es ninguna broma. Dense una vuelta por los barrios periféricos de nuestras grandes ciudades y verán como la escena de la samaritana en el brocal del pozo no es cosa del pasado.

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