Los dos grandes sindicatos, CCOO y UGT, no irán juntos ni revueltos en la manifestación del 17-F, en defensa de la industria. Siguen a la greña, como siempre, y desmarcándose el uno del otro en cada ocasión, hasta el extremo de tratar de boicotear las acciones respectivas en las propias fábricas. Mal camino, aunque se comprende que en ese pleito no pesan sólo las razones sindicales sino las partidistas que están tras ellas. Ahí los tienen callados mientras la Junta da luz verde al desmontaje de Astilleros y el paro se hace insoportable en la provincia. Que no será, lamentablemente, lo peor que tengamos que verles hacer.

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