Mientras el sistema sanitario andaluz soporta con flema su vieja crisis hospitalaria, un hospital de envergadura como el Hospital Militar se cae a pedazos en Sevilla cuando no es devastado por los vándalos ante la incomprensible inhibición tanto del Gobierno como de una Junta que ni siquiera tiene claro qué hacer con los suyos propios. La crónica negra de ese abandono es una muestra supina de la incapacidad de ambas Administraciones para dejar a un lado el partidismo y atenerse a las exigencias de la realidad. ¿O es explicable la foto de nuestros enfermos hospitalarios en los pasillos, tan frecuente, o el espectáculo de las tumultuarias Urgencias vigiladas por la policía, en contraste con la imagen de un gran centro en ruinas y saqueado durante años? Un consejero tan campechano debería dar cuenta de semejante incuria.

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