La Junta ha cedido, al fin, ante la “marea blanca” –que no era otra cosa más que un potente artefacto en la quilla de ese buque fantasma que va siendo ya la sanidad andaluza– deshaciéndose del viceconsejero de Salud y del Gerente del SAS. ¿Ven cómo hay ocasiones en que aguardar a que escampe el chaparrón acaba costando caro? El portavoz de la Junta, que es gran imaginativo, ha agradecido con vehemencia a los dos cesados su “generosa dimisión”, pero es obvio que lo ocurrido en realidad es algo mucho más grave: ni más ni menos que el clamor popular de quebrado la silla de don Tancredo y asestado un golpe tremendo al sistema de público de salud. Darle las gracias encima a los defenestrados es demasiado incluso para ese portavoz.

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