Ha sido preciso que ambos, el gobiernillo y su “socio para todo”, vieran peligrar sus propias nóminas para decidirlos a rebajar el impuesto de sucesiones en Andalucía, que era excepcional entre las comunidades autónomas. ¡Gracias, generosos! Eso era lo suyo y lo que pedía gritos la comunidad entera, entre otras razones, porque esa carga fiscal del heredero ya la había pagado antes el testador. Ahora bien, hay que preguntarse qué dirán ahora los miles de ciudadanos andaluces que ya han apoquinado, al pensar que, de haberse tomado la decisión al principio de la legislatura, que hubiera sido lo suyo, no habrían tenido qe embargarse para heredar. Y también, qué habrán sentido el PP e IU al ver que el mérito (y la eventual renta electoral) se la llevan el PSOE y Ciudadanos, por haber hecho, al fin, lo que ellos pedían desde un principio.

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