Escuchen al Presidente del Gobierno, o no lo escuchen: da lo mismo. Ninguna novedad en el discurso vacuo –cada cual tiene su estilo, oigan—pero, ciertamente, soportar esa logorrea que encubre la ineptitud, supone un sacrificio excesivo para el ciudadano confinado. Los españoles padecemos un doble mal: la pandemia y un régimen político descomunal que “no sabe/no contesta” cuando se le pregunta por lo que nos está afligiendo, un Gobierno de retales presidido por el político más desacreditado de la crónica democrática. ¡Y encima no es posible pensar siquiera en cambiar de caballo en medio del río crecido! O sea que, “quédense en casa” y Dios proveerá, porque esperar que provea esta tropa sería perder el tiempo. Cuando proclamaron aquella temeraria  necedad de que “el machismo mata más que el coronovirus” debimos caer en la cuenta.

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