El papa Ratzinguer es el penúltimo pontífice en la lista profética del arzobispo Malaquías. Detrás de él no queda sitio más que para un “Petrus Romanus” que pastoreará su grey, parece ser que sin gran éxito, hasta ver destruida la Ciudad Eterna. Sobre la causa de semejante desastre se ha discutido mucho. Mi llorado amigo Vidal Beneyto solía decirme que esa causa sería, sin duda posible, esta galopante secularización de la vida que estamos viviendo en el universo tecnificado a tope de la sociedad postindustrial, cosa que ya habían pronosticado los funcionalistas siguiendo a Weber. Ahora bien, Ratzinger, el combatido Ratziger, no parece dispuesto a tirar la toalla así como así, y acaba de sorprender a extraños (y compruebo que también a propios) con esos discursos alemanes –sobre todo los pronunciados en el Bundestag y en Friburgo—en que, aparte de descalificar con dureza inaudita al nazismo, ha constatado la crisis de la fe, la deserción progresiva de los fieles y la necesidad urgente de un cambio, no de estructuras, sino de fondo, que permita entender a esa grey y a sus rabadanes la necesidad de abrirse a las preocupaciones del mundo sin sucumbir a la “lluvia ácida” del relativismo que lo obsesiona, pero decididos a “desmundanizar” una Iglesia que “debe separarse de todo lo mundano” y –traduzco literalmente—“abrazar en su totalidad la pobreza terrenal”. Malaquías llamó al papa Ratzinger “Gloria Olivae”, la gloria del olivo”, mote de resonancias áticas que, eso sí, parece inducir al optimismo. Si en los años 60 y hasta 70 nos llegan a hablar de Ratzinger como papa, el clamor de la inteligentsia progresista hubiera sido la exacta contrapartida de lo que está siendo su actual rechazo. Pero siendo cierto que aquel teólogo que aquí traducía con esmero Jesús Aguirre ha involucionado no poco, no lo es menos que estas cosas que ha dicho en Alemania bien pueden marcar un antes y un después en medio de este batiburrillo universal en que nos ha sumido una crisis que, de no remediarlo Dios, le va a poner la cosa cruda al tal “Petrus Romanus”.

No sé cómo habrán resonado esos trallazos en el laberinto vaticano aunque es de suponer que más de un Marcinkus, y ustedes me entienden, habrá dado un considerable respingo en su mullido solio. ¡La pobreza, la Iglesia de los pobres, el Evangelio de los últimos! Tendría su guasa que fuera un papa anciano y retranqueado ideológicamente el que pusiera patas arriba un tinglado que, ciertamente, ve desmoronarse día tras día sus altas torres. Ya hay quien recuerda por ahí la negra leyenda de Juan Pablo I. El resto del planeta apenas se ha enterado del terremoto.

10 Comentarios

  1. Bonito comentario, gran aviso a los navegantes. Asombra la poca relevancia que ha logrado el trascendental discurso del Papa. Puede decirse que se tata de mera retórica. Bien, pero nunca se había escuchado una retórica como ésa.

  2. Difícil cuestión, sin duda, pero importante. Lo que ha dicho no lo había dicho nadie en muchos siglos. ¿Lo hará? Ese es ya otro cantar. Es obligado recordar al
    pobre Juan Pablo I y desearle a este papa mejor suerte y más cuidado con lo que cena. ¿Da pena tener que hablar así desde dentro o desde fuera de esa Iglesia? Sin duda, pero también es obligado.

  3. Estimo en lo que vale su buena intención,. y me sorprende que haya silenciado otras cosas que el papa ha dicho, por ejemplo, sin ir más lejos, su condena forntal de la pederastia, hasta ahora caballo de batalla contra él. Estoy seguro de que usted no subestima el asunto pero permítame que le diga que no ha sido bueno que eluda el tema en una columna tan inteligente como valerosa, ya que sé que a usted lo freirán con este tipo de patas por alto sus “compañeros” de la izquierda irredenta. Salud y Justicia, para todos.

  4. GRan escrito, don ja querido, y gracioso por debajo de su amarga reflexión. Malaquías ha tenido siempre demasiada prensa. Como usted mismo decía hace poco en la radio o en la tv, no me acuerdo bien, “hay que ver lo tontos que pueden ser los hombres”.

  5. Don Ratzinger ha sorprendido a muchos, alegrado a infinidad y puesto en guardia a más de uno. La teología no es una ciencia tan abstracta, después de todo.

  6. No duden de que el mesnaje ha sido de órdago. Otra cosa será que la realidad pueda con la voluntad del pontífice, pero él ha hablado de modo que no dejaba lugar a mal entendidos: desprenderse de las riquezas significa lo que significa y nada más. No juguemos a la contra, al margen de nuestras creencias. La Iglesia Católica es una institución con un peso determinante que bien pudiera alterar a fondo muchas cosas en la vida del mundo.

  7. Cuidado con un anciano libre ya de otras expectativas y que puede estar convencido en el fondo de la falla que sugiere eliminar. Si yo fuera uno de esos “marcinkus” a los que se refiere con gracia jagm me tentaría la ropa. ¡Para que desprecien a los papas viejos!

  8. ESTOY EN UN MAR DE DUDAS. DE LO QUE NO DUDO ES DE LO QUE HE ESCUHADO DECIR AL PAPA. EL TIEMPO ACLARARÁ QUÉ HAY DE VERDAD EN TODO ELLO. SÓLO EL TIEMPO.

  9. Desde luego el hecho es interesante y rompe la leyenda del papa retrógrado, aunque esté por ver que sale de todo esto. También yo creo que lo discreto es esperar hasta ver los resultados.

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