El ministro Miguel Sebastián, tras su extravagante promesa de regalar aquellos millones de bombillas ecológicas, se ha dejado caer con una propuesta a los consumidores españoles a los que incita a consumir productos nacionales como medida clave para combatir la crisis. En EEUU, por su parte, el Congreso ha decidido que las obras públicas que, como remedio contra la misma crisis, vaya a impulsar la inversión del Estado, se lleven a cabo utilizando en exclusiva materiales nacionales, una medida sin precedente en el paraíso del librecambio. ¿Se pueden cerrar fronteras como estímulo a lo propio sin hacer trizas el modelo de intercambios y sin dar la espalda a una realidad tan evidente como es la globalización de la actividad económica y, en consecuencia, la interdependencia de los mercados entre sí? Doctores tiene esa iglesia, por supuesto, pero creo que no hay que ser un gurú para desconfiar de un recurso tan antiguo como ése en un planeta como el actual. Por lo que respecta a España, cuesta imaginar las razones por las que desde el Gobierno se revive una actitud prácticamente desechada por todos, aquella que enfrentó a nuestros trasabuelos decimonónicos en torno a los Figuerolas que apostaban por la apertura total de las fronteras al comercio, y los empresarios lugareños (en este caso, catalanes en su inmensa mayoría)  que predicaban el credo de un aislamiento y una autosuficiencia que se demostraron inviables en la práctica. Son unos románticos estos socialdemócratas o lo que sean, pero más antiguos que la Tana.

 

Cerrar el fielato a los productos exteriores, aquí o en la nueva Babilonia, es, seguramente, un proyecto sin sentido a poco que se eche una mirada alrededor para comprobar los imparables flujos comerciales que ha impuesto una relación determinada sin remedio por las nuevas tecnologías y las circunstancias propias de un mundo que se ha reducido como un pañuelo hasta formar un mercado cada vez más único. Lo que supone que, en efecto, podríamos no consumir más que nuestra propia producción, pero sólo al precio de exponernos a tener que tragarnos nuestros excedentes exportables. Por lo demás, ¿no habrán dado una vuelta nunca por la ‘gran superficie’ o el mercadillo estos aprendices de brujo? De haberlo hecho sabrían hasta qué punto no existen ya siquiera esas fronteras tradicionales en esta aldea de todos y de nadie en la que la división internacional del trabajo y de la producción es apenas una antigualla para el consumidor. Chaucer atestigua que, en el XIV, en Londres se consumía vino de Lepe. Cierto nacionalismo económico pretende solucionar la crisis a base de que cada quisque pise su propio lagar.

9 Comentarios

  1. Don José António, celebro poder volver a leerlo, aunque esta vez, pienso que no veo mal que un estado dé preferencia a sus propios productos y sus propios paisanos.
    Yo, cuando voy a comprar un frigorífico tengo un presupuesto y aunque generalmente doy preferencia a productos franceses, españoles y europeos en este órden, a veces el presupuesto me llega sólo para un producto chino. A veces espero, porque sé que la calidad no será la que quiero y porque sigo siendo algo boy escout (haz una buena acción al día), pero no siempre puedo y no todos lo hacen. Sin embargo , no me choca que un gobierno lo tenga presente y esté atento a ello.
    Besos a todos.

  2. Si el presidente Rodríguez copió de la administración americana su famosa promesa de 400 euros a los declarantes de Hacienda, hoy no parece que se esté distanciando tampoco mucho del modelo, si vemos las cuitas del presidente estadounidense Obama cuando pregunta a sus nacionales dónde se gastan sus impuestos y propone comprar productos indígenas para contribuir a salir del enorme atolladero económico en que están metidos. Puede verse un reflejo de ello en la prensa en
    http://www.telegraph.co.uk/news/worldnews/northamerica/usa/barackobama/4389597/US-EU-trade-war-looms-as-Barack-Obama-bill-urges-Buy-American.html

    Las críticas que se le han hecho allí no varían mucho de las que se le hacen a nuestro gobierno aquí. Y con la misma razón que señala José Antonio.

    Saludos

  3. Con estos vaivenes cibernéticos no es de extrañar que se espante y disprese el casino, pero la verdad es que ha sido una lásiutma perder las últimas columnas. Hoy el tema es incuestionable; se trata de una propuesta con escaso sentido, y por supuesto contradictoriua con los principios que han venido desgañintando a los políticos –a todos– en los últimos años, mientras duró el periodo de vacas gordas. Un buen Moisés estaba haciendo falta en este faraónico planeta plagado de pobres, armado de una buena vara milagrosa para poner orden entre tanta ambición, tanta locura y tanto sinsentido.

  4. No veo, perdóneme, tal contradicción en proponer cierto y prudente proteccionismo mientras dura la crisis. Ustedes los marxistas, los socialdemócratas y todos los partidarios de la intervención, ven la paja en el ojo ajeno sin percatarse de la viga en el propio.

  5. Admitido, para eso es usted LIBERAL, pero déjenos ejercer nuestro derecho al sentido común y, con él presente, hay contradicción, ¡vaya sin la hay! Menos mal que nadie va a hacer caso, porque d elop contrario lo primero con que iba a encontrarse el proyecto proteccionista ses con la imposibilidad actual de controlar el origen de las mercancias, pues como sabemos las grandes suiperficies, que marcan el paso general, compranm a productores lejanos o invisibles (a vexes, también inconfesables) o sencillamente cambian las etiquetas.

  6. Si la propuesta tiene la misma consistencia que la de las bombillas, no hay porqué preocuparse, don ja. Este personal funciona a base de ideas sueltas, a golpe de ocurrencia, ¿o no se había usted dado cuenta?

  7. ¿No es verdad que donde las dan las toman?

    ¿Y si nuestros clientes extranjeros dejan de comprar nuestros productos?

    ¿Qué pasaría con los productos de nuestras multinacionales?

    Aquí hay quien no es más tonto porque no madruga.

  8. Pues lo siento, pero estoy de acuerdo con la primera frase de Don Liberal, “No veo, perdóneme, tal contradicción en proponer cierto y prudente proteccionismo mientras dura la crisis” , pero no veo por qué hay que tirarse los nombres de las tendencias políticas a la cabeza como si fueran insultos. Hay gente maja en todas partes y lo mismo pasa con los granujas. Y para terminar diré que sólo los tontos no cambian de parecer.

  9. pues mal momento para incrementar el pib cuando ni siquiera hay para salir. un saludo don jose antonio

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.