La colonia británica de Gibraltar parece decidida a celebrar el inminente aniversario del Tratado de Utrech renovando las tradicionales hostilidades. Así, desde la maniobra de extender artificialmente su territorio invadiendo el espacio marino o destruir un caladero habitual de los pescadores de la Bahía, a base de arrojar al fondo grandes bloques de hormigón erizados con yerros, pasando por presentar ante la Unión Europea una queja formal por los controles gubernativos establecidos en la frontera, la colonia parece dispuesta a volver al ingrato clima de otros tiempos, que su “primer ministro” pretende forzar al pedir también la reactivación del peregrino “Tripartito” creado, durante el Gobierno anterior, por ocurrencia del ministro Moratinos.

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