Los jueces están que trinan. Con el Gobierno, cuyos máximos representantes se permiten sugerir su gremialismo o apostar por una condena concreta contra un magistrado. Contra el ministro, que, hablando del “caso Mari Luz”, exculpa del “daño gordo” (sic) a la Fiscalía y a la Junta. Van a ir, al parecer, a un paro por las bravas el próximo día 21, juntos aunque no revueltos con los Secretarios, enfurecidos también  por la drástica sanción a compañera del caso citado. Reunidos en Cádiz, los Jueces Decanos han reclamado la no interferencia del poder ejecutivo en el judicial, que es lo menos que se despacha. Los titulares de mercantil están desbordados literalmente por las consecuencias de la crisis galopante, a pesar de que el 66 por ciento de los jueces superan el máximo de productividad establecido por el Consejo General del Poder Judicial (CSPJ). Para qué hablar de los de lo Contencioso-Administrativo. ¿Saben ustedes que un juez de un pueblo cobra 54 euros por guardias de veinticuatro horas prolongadas durante una semana? Me llevan por el laberinto para mostrarme de cerca la jungla de papel, esa jungla que en un Juzgado de Instrucción debe resolver en teoría entre 7000 y 9000 asuntos por año, mientras que a uno de lo Penal le corresponde nada menos que unos 600 asuntos para juicio y otras tantas ejecutorias, para lo que cuenta con seis personas en el mejor de los casos. Están cansados los jueces de que se insinúe que actúan movidos por el corporativismo puesto que recientes encarcelamientos de compañeros imputados o culpables han sido acogidos, como no podría ser de otra manera, con un silencio disciplinado y sepulcral. Incluso me dicen que si es cierto, como ha dicho el director general de Tráfico, que en España existen 60.000 conductores sin carné, a ver qué pueden hacer los juzgados correspondientes cuando les caiga encima esa avalancha, puesto que de los cien juzgados que sería lógico crear al aparecer esos nuevos delitos masivos, no se ha creado ni uno solo. Están que trinan, ya digo y dicen que están limitados a administrar el caos. Y francamente, los comprendo.

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Resulta desolador un recorrido por dependencias judiciales: mesas atestadas de legajos, armarios rebosantes de papeles, montones de expedientes en los servicios, junto al W.C., al lado de una cafetera ignoro si en servicio o no. En 2001 una Sala de lo Penal tenía tres jueces y unos mil asuntos que dilucidar; en 2008 tienen  1.700, para resolver los cuales sus Señorías disponen –salvo baja y permisos no o mal sustituidos—de ocho personas que han de habérselas con un sistema informático de lo más precario, tan precario que puede ocurrir que se le escape que un sujeto condenado en el mismo Juzgado no aparezca en la pantalla al ser investigado. Hay tres jueces de Sala en un solo despacho y la Junta ha respondido que carece de fondos incluso para mover de lugar una puerta con objeto de independizar siquiera al mínimo a sus Señorías. Y encima, ¿a que no sabe la opinión que los jueces son el cuerpo más sancionado entre todos los del Estado español? Pues lo son, a pesar de lo que se diga. El “caso Mari Luz”, hábilmente explotado publicitariamente, esconde estas dificultades que dependen sólo y exclusivamente de la Junta de Andalucía y del Ministerio, que ahora explotan el aura sentimental de esa tragedia no buscando la solución imprescindible sino proponiendo unos bucos propiciatorios a la lógica exigencia de la tribu. La Justicia es un cachondeo, como dijo el otro, por arriba y por abajo, en las zonas empíreas donde los partidos se reparten la impunidad o el beneficio, y en la cancha donde día a día se lucha con la realidad. La consejera de Justicia andaluza confesó del tirón al ser designada que no teñía idea del tema pero que se instruiría. Bueno, así van las cosas. El día 21 habrá paro en la Justicia. Tengo para mí que a los políticos se la empluma.

3 Comentarios

  1. Doloroso, patético, sangrante el panorama que nos dibuja el Anfitrión. El primero y el segundo poder son una cosa sola, una unión casi contra natura, un matrimonio de conveniencia, dos arrejuntaos que se ríen de lo divino y de lo humano. El tercer poder -ya se sabe que un matrimonio es una carga demasiado pesada para llevada solo entre dos- es un cero a la izquierda. Ni siquiera una cenicienta tiznada y mal vestida. Es más bien una indigente que duerme al raso, que se cubre con harapos, que come mendrugos, sobras y fruta podrida.

    Comparen a esa Justicia mendicante, que todo el que pisa un juzgado conoce, con los ‘haigas’ que calzan los prebostes, no ya de gobiernillos y asimilados, sino del último concejal de Parabienes y Festorros Resucitados de cualquier pueblo de cualquier región (Huy, lo qu’he dicho: ¡región!)

    Un ignaro concejal de pueblo escribía en un periodiquillo no hace mucho que Rajoy, Mariculo para tantos, pretendía rebajar el gasto público congelando pensiones, rebajando prestaciones y dejando sin terminar obras precisas y atrasadas. No hijo, no. El recorte del gasto público significa no tocar ni un céntimo al gasto social y al imprescindible, sino recortar el número de paniaguados, enchufados, asesores a la violeta, secretarias de pintauñas, chóferes que cobran ceintos de horas extras esperando a que sus señoritos, tras la lubina y el puturrú de fuá, se fumen los habanos o los cigarritos de la risa, se beban sus maltas de gran reserva y saquen la visa oro, que paga el populacho.

    Los jueces han más que demostrado su templanza, su profesionalidad, su mesura no convocando huelga todos los días impares del año.

    (Le envío a mi don Ropón mi solidaridad, mi afecto y mi sinceras condolencias. ¡Y pensar que los empollones que estudian Derecho aún aspiran a ser Magistrados!.)

  2. SIEMPRE PAGAN JUSTOS POR PECADORES, ME REFIERO POR SUPUESTO A NOSOTROS LOS CIUDADANOS. UN SALUDO DON JOSE ANTONIO

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