No se trata ya de que una descerebrada ande reclamando por ahí la expoliación de los mayores dada su “inutilidad” social. Junto a esa indigna pamplina hay cosas más graves, como los sucesos ocurridos durante la pandemia en las residencia de ancianos, su aterradora estadística de muertes y las denuncias de situaciones intolerables en su ámbito. La consejera de Igualdad (y no recuerdo cuántas cosas más) calificó de “denigrantes” lo comprobado por ella y sus servicios en dos residencias sevillanas. ¿Qué fue lo que vio la consejera y no revela, hasta dónde los abuelos fueron maltratados, quiénes fueron los “denigradores” y cuál ha sido la reacción de la Junta? Una palabra no basta para liquidar semejante infamia. La Junta no debe olvidar su responsabilidad “in vigilandi” ni la Justicia mirar para otro lado.

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