Ahora resulta que eso de que Sarah Palin, la candidata republicana, creyera que África era una nación y no un continente no ha sido más que la maliciosa intoxicación cibernética de un grupo de trujamanes que difundieron la especie en la Red sin que los grandes rotativos y emisoras que cayeron en la trampa y difundieran el camelo a troche y moche, se molestaran siquiera en comprobar la existencia del presunto “asesor” republicano que filtraba la noticia. En todo caso, aunque un poco raro si se quiere, la anécdota no hubiera resultado imposible sabiendo como sabemos que alguno de los Bush –como tantos compatriotas suyos—toman a España por un país caribeño y no tienen nada claro el mapamundi hasta el punto de confundir, según se ha dicho también, China con Japón. Claro que no quiero ni pensar lo que sería poner en manos de nuestros responsables europeos un mapa mudo de esa misma África contemporánea o del Extremo Oriente, del que muchos de ellos hablan a menudo sin gran fundamento. Nuestros estudiantes –me aseguran unas sufridas docentes—son masivamente incapaces de situar en el mapa no sólo las lejanas naciones sino las propias comunidades autónomas de este país triturado, y tres cuartos de los mismo parece que ocurre con sus conocimientos de historia, esa crónica vaga dentro de la que una masa considerable situaría la noche de los tiempos lindando con la galaxia franquista. Ni siquiera la vicepresidenta del Gobierno escapa a esa inopia cuando dice –repitiendo la exultante ‘boutade’ de Aznar en las Azores—que la asistencia de ZP a la reunión del G-20 ha sacado a España del “rincón de la Historia” para situarla no sabemos bien dónde ni para qué, como no resulta fácil comprender como casa esa idea con la insistencia en el relieve que es preciso atribuir a la cacareada octava potencia mundial que dicen que somos. Va a llevar razón Anatole France cuando decía que la Historia no es una ciencia sino un arte al que se llega por la imaginación.

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Total, que ahora resulta que hemos salido de la rinconera para sentarnos en una silla prestada y compartida, que ya veremos cuánto acaba costándonos, justo ahora que ya no podemos ocultar la oscuridad de un futuro sobre el que nadie es capaz de vaticinar, como no sea en plan triunfalista, un futuro ‘histórico’, vale, pero con tres (¿cuatro?) millones de parados, un futuro paralelo al de los hermanos portugueses que siguen creciendo mientras nosotros entramos a pie firme en la recesión. Es ya un tópico historiográfico eso de que España ha atravesado la contemporaneidad avanzando a trompicones en la periferia de Europa, como esos simios derrotados que viajan a los costados de la horda, pero temo que fuera peor dedicarnos ahora a contemplar nuestra imagen en el espejo de la madrastra, crecidos y aún ‘sobrados’ por algo tan insustancial como puede ser un hueco conseguido, a fuerza de sabe Dios qué, en una sesión de ese cónclave. La prensa americana no citaba antier siquiera a España entre los asistentes a la cita ampliada de Bush y ésa es una circunstancia que relativiza sin remedio el optimismo forzado del Gobierno. Aparte de que ya me dirán que significa eso del “rincón de la Historia” y cómo es posible salir de ese lugar imaginario de un solo paso, como quien se salta las bardas del paraíso con pértiga prestada, y encima para asistir a un conciliábulo que lleva muchas papeletas para fracasar en el intento y disolverse dejando tras sí apenas un puñado de palabras y buenas intenciones. ¡La Historia nada menos! Aquí volvemos al esencialismo y a los tópicos más arcaicos sin encomendarnos a Dios ni al diablo, como allá codean a Marbella con Cancún o a Andalucía con Puerto Rico. Lo raro es que este tinglado no se venga debajo de una vez, arrastrándonos geografía abajo hasta estamparnos en la historia.

4 Comentarios

  1. Lo curioso es que estas cjorradas les salen bien, incluyendo esta vergonzante asistencia –sin bandera– a lo de la Casa Blanca. Un concepto como ése del “rincón de la Historia” mucha pupa les debió hacver cuando lo expresó inautamente Aznar para que lo rescaten a estas alturas.

  2. Insiste el anfi en su preocupación por la indefensión del lector ante el prestigio de la información y le sobran razones para ello. En cuanto a la cosa de la vicevogue, mejor no tomarlo ni en cuenta. Ese loro parlanchín ha dicio muchas tonterías y conviene en estos casos bajar el tono del receptor para no oirlo.

  3. Buena reflexión, hay que “aterrizar” con realismo o nos vamos todos al caos (iba a decir otra cosa, pero me he contenido). Lo que me soirprende es el silencio dominical, que yo rompo ya de madrugada.

  4. esto es lo que los politicos llevan haciendo toda la vida, desinformar, en ese campo son unos profesionales, tenemos buenos maestros. Un saludo Don Jose Antonio

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