Desde 2012 los andaluces hemos sido una excepción en la consulta médica. Fuimos los únicos españoles asistidos por médicos a los que la Administración había privado de su imprescindible derecho a la libertad de prescripción de medicamentos y a los que impuso una miserable  penalización económica si no abarataban a toda costa la asistencia al enfermo. Los políticos se hicieron trampas en el solitario al recurrir a las famosas “subastas” –en la India, en China…, calculen—imponiendo los llamados “genéricos” a pesar de los numerosos problemas de control de calidad que su circunstancia implicaba. Una medicina para pobres y otra para ricos: en esa miseria acabó la utopía socialdemócrata. Anulando esta injusticia, el “Gobierno del cambio” cumple una de sus más razonables promesas electorales y devuelve a los andaluces un derecho genuino.

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