La Universidad no iba a quedarse al margen de la pandemia. Muy al contrario parece que pretende contribuir a bienhumorar el crispado ambiente, para lo cual ha dispuesto y reglamentado la más antigua aspiración de la basca: el “examen virtual”. Pide para ello al alumno (que se examinará desde su cueva y sin testigos) que realice su examen “de manera honesta, responsable y confiable”, vamos, “como si el profesor estuviera delante” (sic) pero sin estarlo, aparte de firmar una declaración jurada (no se rían, por favor) garantizadora de su “integridad académica”. He consultado el caso con mi nieto, y el tío se ha escabullido vacilón con una sonrisa socarrona que para qué les cuento. Gaudeamus ígitur!”. La verdad es que en un país en el que el Presidente plagia impunemente su tesis doctoral la medida cobra pleno sentido.

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