La vida política fue siempre un velado concierto de secretos desvelados. Nadie crea que estos tiempos difíciles hayan inventado ese mecanismo penumbroso que funciona desde que la serpiente reveló a Eva el secreto de Dios. Las masivas revelaciones de Wikileaks, el vertedero de las miserias vaticanas, la indemostrable infidelidad de Maru que tanto ha molestado a Rubalcaba o la publicación del informe sobre los ERE andaluces realizado por la Cámara de Cuentas, que apunta la “recortada” hacia Griñán, no son más que incidentes efímeros aunque sus efectos puedan aliviar o enrarecerle la vida a unos y otros. Convencido de ello, pienso que lo lamentable, ahora como siempre, no son las filtraciones mismas, sino el secreto, el secuestro de la realidad por parte del Poder (o de los poderes), la sustracción a la muchedumbre de su legítimo derecho a mirar siquiera por el ojo de la cerradura. No digo yo que no haya filtradores/as maliciosos, gentuza profesionalizada en el chivateo y correveidiles mercantilizados, pero sí que la filtración, al menos en principio, puede ser –y de hecho lo ha sido en innumerables casos– un factor excepcional en el funcionamiento del régimen de libertades. Si no hubiera secretos vergonzantes o incómodos no existiría esa imagen de “Garganta Profunda” que fue capaz de echar abajo a un presidente de los EEUU, ni tendría la menor posibilidad de éxito un personaje como Julián Assange aventando al mundo las interioridades de los poderosos. Es más, por lo que a nosotros se refiere, sostengo que sin filtraciones no hubiera sido posible la pequeña historia de nuestra democracia ni la de ninguna otra porque, en definitiva, son esos denostados “topos” quienes nos han permitido tantas veces desmontar los camelos oficiales sacando a la luz pública las miserias de las covachuelas.
A la hora de juzgar al filtrador debe tenerse en cuenta que sus fechorías no son más que una consecuencia de la usurpación de la verdad por parte unas élites que son, a su vez, filtradoras de cuanto les conviene. ¿Se creerían ustedes que fue el propio Vera quien le reveló a El Mundo el escándalo de los fondos reservados? Pues créanlo porque es cierto, y ello prueba que el mismo Poder es casi inconcebible sin esa doble facultad de ocultar lo que le perjudicaría y, al mismo tiempo, permitir, que se filtre cuanto le beneficia. No reconozco instancia alguna de poder que no haya bicheado por ahí esparciendo ese estiércol que, en definitiva, es el que fertiliza su propio suelo. Mientras exista la política oscura habrá filtraciones en sus cañerías. El chivato no es más indigno que el que mantiene la verdad secuestrada en su caja fuerte.

4 Comentarios

  1. Los secretos son la coraza del Poder. Revelarlos puede constituir infidelidad legal y a un rtiempo obligación moral.

  2. En España ha filtrado todo medio mundo. Jueces, ministros, partidos, sindicatos…, díganme quién se ha guardado el secreto para él solo. Garzón restramitía en durecto sus instrucciones y si no era él alguien de su despacho se tomaba ese trabajo. ¿Rubalcaba puede incomodarse por una filtración? ¿Él… que amenazó diciendo que “lo sabía todo de todos…?

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