Algoritmos aparte, lo único casi firme hoy día en la prospectiva electoral es que no es fácil decidir si Juanma Moreno ganará el 19-J o si perderán sus rivales. En cualquiera de los dos casos –un triunfo propio rotundo o un resultado aceptable de Cs, daría igual—parece más presumible que cualquier otra alternativa. El primer debatillo ha dado ya la exigua medida de los contendientes y se espera poco del segundo, convencida la sufrida mayoría de que este partido se juega, en el mejor de los casos, en la Segunda B. Y no puede ignorarse que la sombra del “Gobierno del cambio” pesa lo suyo con el positivo lastre de esa insólita legislatura sin “casos” ni “escándalos”. Vox, por su parte, debería irse haciendo el cuerpo a que su peor problema vendrá, sin duda, cuando, tras las elecciones, se vea obligado a tragarse sus impracticables jactancias.

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