No sé por qué tanta queja entre nosotros ante la provisionalidad gubernamental en que nos encontramos. Se dice que hay un techo excesivo entre la elección del nuevo Presidente y su investidura, y no hay más que escuchar a la ministra de Economía Elena Salgado dar explicaciones y ofrecer a Bruselas… en nombre de Rajoy. Ahí tienen a Bélgica, que antier mismo alcanzaba un acuerdo para poner fin a una interinidad gubernamental que ha durado 535 días entre el tira y afloja de flamencos y valones, sin que durante tan largo periodo los ciudadanos hayan notado gran cosa el vacío, lo que, como comprenderán, supone una notable avería del sistema democrático. ¿Se puede gobernar un país con un Gobierno en funciones? ¡Pues vaya si se puede! En esta democracia averiada y tan sensible, lo mismo puede decirse ya que la elección no es imprescindible para que un país funcione, que constatar que un toque de atención de cualquier agencia de calificación de riesgo, como el que Standard and Poor’s acaba de darle a ese pequeño país a propósito de su deuda, surte el mismo efecto, sólo que más rápido, que las urnas más expeditivas. Ya ven: un año y medio mal contado de rifirrafes y administración de trámite se da por liquidado ante una nota financiera. ¿Quién gobierna este mundo, pues, los elegidos por los ciudadanos libres o los cuchitriles financieros que hacen de oráculo en esta democracia global a pesar de haber fracasado clamorosamente en su predicción de la catástrofe de la crisis? El caso de Bélgica nos demuestra que ni el odio cerval de las dos comunidades enfrentadas, ni el deterioro de la convivencia que ha supuesto tan prolongada hostilidad, han supuesto gran cosa tras el aviso lanzado por la agencia citada, que ha hecho el milagro de poner de acuerdo a socialistas, democristianos y liberales tanto francófonos como flamencos y encargar la normalización del Gobierno –no sin cierta discusión algo subida de tono, por cierto—a uno de los escasos Presidentes abiertamente homosexuales del planeta.

A lo peor resulta tarde cuando los que mandan o creen mandar se planteen cuál es su papel (es decir, el del pueblo) y cuál el que realmente juegan en nuestra democracias esos misteriosos entes sin rostro a los que incluso se les indulta tras sus fracasos más espectaculares. Porque lo que en Bélgica acaba de demostrarse es que una sociedad puede sobrevivir prescindiendo nada menos que de su cabeza democrática pero sin perder el rumbo y desnortarse como el gallo decapitado. Un Gobierno en funciones no es ninguna tragedia, por lo visto. Me temo que los politólogos –ay, Pierre Bourdieu—tendrán que replantear muchas cosas en este cuasitrágico inicio del Milenio.

8 Comentarios

  1. Me parece que debería haber resaltad más el carácter anómalo de lo ocurrido en Bélgica, para no inducir a la idea de que la democracia es inútil. Que no digo que lo haya hecho pero por si acaso. Por el resto, estoy mmuy de acuerdo en todo lo que dice su intersante artículo.

  2. No se alarme nadie porque lo que jagm dice no es que lo ocurrido en Bélgica sea deseable, sino que descubre la capacidad de las democracias de rodar solas, incluso en periodos de interinidad. Lo de ese pequeño país ha sido verdaderamente notable, un récord mundial. Es muy preferible que las cosas se hagan por sus pasos contados y previstos, más o menos (sólo más o menos) como se están haciendo ahora en España.

  3. Lo malo de nuestro gobierno interino no es lo que no hace sino lo que puede hacer en los días que le quedan (ya ha empezado).

  4. El Gobierno no hace la falta que dice. Nos saldría mucho más barato uno reducido, pero me temo que nuestra escasa solidaridad vaya dándole cada vez más poder a Leviatán.

  5. estoy de acuerdo con don Nemo. Los Belgas se han ahorrado un monton de dinero al no pagar los emolumentos millonarios a una tira de ministros. Hoy en dia, los gobiernos no gobiernan sino que administran; si gobernasen no estariamos todos en este atoyadero y Standart & poor’s la mal llamada es que ni existiria.
    Un beso a todos.

  6. Es que hay que conocer a las personas. Acertijo ¿Quién inventó el hilo de cobre? Respuesta: un belga y un catalán tirando de una modena.

  7. Lo de Bélgica demuestra, a mi modo de ver, la fortaleza de la democracia, que es capaz de sobrevivir incluso a la disensión. Yo saco una conclusión en cierto modo inversa a los omentaristas de hoy: la democracia es atn fuerte que puede pasarse, si llega el caso, sin cabeza, como el gallo que corre tras ser decapitado, aunque sin perder el rumbo.

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