Una metáfora real: la imagen del Rey, junto a la plana mayor de la politiquería, librando una partida de futbolín. No habrían podido hallar otra mejor para ponernos ante el espejo, ellos manejando los mandos, nosotros dando chilenas y volapiés forzados sin salirnos de la fila, como autómatas sin voluntad ni criterio. Es asombrosa la capacidad de disciplina –¡las tragaderas!—de que puede ser capaz la grey antes de lograr la “inmunidad de rebaño”, mucho hablar entre todos pero marcando el paso como está mandado, sujetos por el talle en el eje giratorio que nos enajena sin remedio. Más de un año llevamos obedeciendo y ni siquiera sabemos lo que nos quedará aún que obedecer. ¡Para que luego digan que somos ingobernables! La pandemia ha demostrado que, cuando aprieta el zapato, este pueblo soberano se vuelve de lo más pastueño.

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