Para el último fin de semana de este mes de difuntos está convocada en Francia una “journée blanche”, es decir, una jornada sin partidos (de fútbol), convocada por el sindicato profesional, el UCPF. La causa es el anuncio por parte del presidente Hollande de la imposición de una tasa del 75 por ciento a las siderales rentas del fútbol que, de prosperar el proyecto, se mantendrá al menos dos años. El “deporte rey” se ha convertido en Francia y fuera de Francia en un asunto político y no sólo por sus escandalosas finanzas sino por motivos muy diferentes. En vísperas del Mundial de 2006 el ultra Le Pen no dudó, por ejemplo, en atribuir el declive de su selección nacional al excesivo número de jugadores de piel negra que incluía el combinado patrio, y ahora, en vista de su primera derrota ante Ucrania, ha sido la voz de su hija Marine la que ha diagnosticado el problema como la consecuencia del “ultraliberalismo aplicado al fútbol”. Se ha querido montar –ha explicado Marine– una estructura exclusivamente negocial, se ha abierto la mano al liberalizar las cuotas de jugadores extranjeros en el país y se ha provocado una auténtica ruptura entre ese deporte tan popular y ese el pueblo tan deportista, a pesar de la evidencia de que esos negratas no iban a “sudar la camiseta” con el patriotismo de un nativo, y también del despropósito que supone confiar la batalla a la avaricia o al ego de unos jugadores milmillonarios y tan peligrosamente mimados por la sociedad. Una selección no puede funcionar a base de mercenarios: hace falta que sea todo un pueblo el que la respalde aportando el orgullo nacional que dudosamente podría animar a los foráneos. No sé qué dirá ahora que la selección ganó.

 

En la polémica han  terciado, para que de nada faltara, los opinadores deportivos y un vasto sector de la opinión pública al que disgusta el hecho de que los altos privilegios de que gozan esos profesionales no se compadezcan con resultados tan poco estimulantes, pero no hay que despreciar el impacto que han tenido en el zafarrancho no sólo el desdén por el deporte en general manifestado en ciertos ambientes elitistas, sino también y muy particularmente, el subidón de la islamofobia patente en el linchamiento masivo del senegalés Patrice Évra. El fútbol está presente en esta larga precampaña en la que todo apunta a un triunfo de una ultraderecha que abona su populismo de chorlito con estas elucubraciones.

7 Comentarios

  1. No hay por qué restarle razón al porquero cuando Agamenón está en las nubes. No me refiero al furor que ponen o dejen de poner los mercenarios, sino al abusivo uso de los circenses que hacen los elegidos.

    Hay momentos del día o de la semana, en que es imposible escuchar en el loro otra cosa que el fatigoso chamullar de los llamados periodistas deportivos. Ya da igual fútbol que tenis, motos o bolos montañeses. Salvo que se funda uno con (los muchos tostones de) radio 3.

    La quiniela ya es solo una sacaliña más. Ahora hay porras y supongo que hasta cara o cruz, por si las botas del as van a ser las verde fosforito o las naranja violento. Qué cansinería.

  2. Me quedo con el otro tema de la columna, con el del racismo de los Le Pen, me parece a mí que más inquietante que las fútbolerías. O sea, que traen e los negros a precio de diamante y luego dicen que no se fían de ellos. Hace muy bien don ja preguntándose qué habrán dicho una vez que esos negros incluidos, la Selección le ha ganado a Ucrania.

  3. Esperaba hoy más comentarios a la columna de don ja, dada su consistencia. El racismo de la ultraderecha no es privativo de ella, no olviden los «uh uh uh» con que en los estadios españoles se «saluda» a los jugadores «de color». Otra cosa es que un político que puede convertirse en la tercera fuerza francesa exprese esos criterios no sé si decir que cuasidelictivos.

  4. Realmente estupendas las palabras del padre y de la hija. También la decisión de ese presidente agarrado ya a un clavo ardiendo que es Mr. Hollande, de imponer una tasa del 75 por ciento a la pelotería. Atento a Francia siempre y futbolero intenso0, a don ja no se le ha escapado este ludibrio de los neo-lo-que-sea del populismo que va a ganarlas elecciones en Francia… también.

  5. Renunciaría a la tasa aquí en España; me conformaba con que los clubs hubieran de ponerse al día con la Seguridad Social. En cuanto al racismo de los Le Pen, se me ocurre que quizás no es exclusivo de ellos sino no poco generalizado en Francia, sobre todo en el interior el país, y que me perdone doña Marthe, mujer equilibrada y eximia, siempre buscando la paz y el sosiego desde el sentido común.

  6. ¿Saben que esos jóvenes mimados por la sociedad de que se habla en la columna hacen que sus clubs les paguen los impuestos, o sea, que en sus contratos va incluida la carga fiscal?

  7. Los Lepenes no se han percatado de que del futuro del deporte es negro, quiero decir NEGRO, dominado por la raza negra, más fuerte, en general, más alta, más flexible que las otras. Ésa es la que les queda que tragar a los racistas que, como es lógico, suelen ser también patrioteros, como nuestro Manolo el del Bombo, español por excelencia.

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