Hace unos años Italia entera se conmocionó con el escándalo de los “arreglos” de partidos de fútbol por parte de una pequeña mafia de mediadores y árbitros en un asunto conocido como “Calciopoli”. Se trucaban los encuentros, se defraudaba al espectador lo mismo que al quinielista, y lo malo es que quienes tanto se habían degradado no eran cuatro pelagatos de cuarta fila, sino unos cuantos equipos italianos de la mayor consideración. Como consecuencia, la Fiorentina, la Juventus, el Milán y la Lazio, resultaron ser reos todos ellos de haber aceptado sobornos para alterar los resultados. Seis años después, el entrenador de la Juventus –que ya con motivo de aquel embrollo hubo de descender de categoría—ha sido condenado a diez meses de suspensión por la comisión disciplinaria. No pocos jugadores han sido empapelados y privados de libertad, incluyendo a algún famoso como el capitán a la Lazio, Stefano Mauri, pero las medidas sancionadoras constituyen ya una verdadera marea negra que deja al fútbol italiano con la peor imagen posible. Es probable que acabe abriéndose paso la teoría de algunos sociólogos que desde hace tiempo vienen explicando la propagación del fraude como un fenómeno inherente al “exemplum” social, es decir, como un fracaso ético y moral universalizado que alcanza desde los españolitos que obtienen fármacos con la tarjeta sanitaria del abuelo a los griegos que siguen cobrando las pensiones de sus deudos difuntos, pasando por los propios bancos que arruinan a los ahorradores –como con las famosas “preferentes”—estafándolos con la mayor naturalidad. El fraude es hoy universal, la crisis económica no es más que la superficie visible del iceberg desmoralizado que cualquier día acabaremos descubriendo en su enormidad a no ser que antes nos haya hundido él a todos.

Es tremendo para la mayoría silenciosa, en cualquier caso, que ya no pueda uno fiarse ni de las quinielas en un mundo podrido de arriba abajo en el que la misma Iglesia guarda sus limosnas en los paraísos fiscales ni más ni menos que como nuestros deportistas de élite, nuestro financieros o nuestros políticos. El fraude se ha hecho fuerte y universal en el periodo final del sistema capitalista, tras el cual nadie en sus cabales sabría pronosticar qué es lo que aguarda a esta sufrida Humanidad que mantiene, sin embargo, una extraña fidelidad a sus exigencias.

3 Comentarios

  1. No olvide Vd. las estafas telefónicas que van desde los contratos “por grabación” a los que el cliente sólo tiene acceso por vía judicial a las llamadas a números 905 u 806 que se promueven desde las cadenas de TV a. través de concursos y votaciones. Estas estafas, a veces muy importantes benefician al fisco por medio del IVA y del impuesto de sociedades.

  2. En lo que m’as nos concierne directamente,Andalucia, se deberi hacer un decalogo, bueno mas bien un hecalogo, de los fraudes empezando obviamente por las promovidas por la Junta.
    Es mi propuesta de hoy,atendiendo a su oportuno articulo de oggi.

  3. De todo se puede hacer una estafa al ritmo que llevamos. Si las porpias Admministraciones hacen lo que hecan, ya me dirán qué cabe esperar de los de a pie.

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