El fútbol ha servido siempre al poder en Argentina. A la Junta Militar la sacó de su aislamiento cuando el Mundial famoso y luego hemos sabido que hasta se llegó a excarcelar de sus ergástulas a algunos secuestrados políticos de la dictadura para pasearlos por Buenos Aires en plena euforia futbolera. Hay que conocer, desde luego, lo que es el fútbol en aquel gran país en el que una parroquia no tan testimonial rinde culto de latría a un sujeto como Maradona y en el que los partidos de alto riesgo se liquidan frecuentemente con riñas tumultuarias cuando no con balaceras. Lo último en este negocio ha sido la decisión de la presidenta Kirchner de garantizar el “derecho a ver el fútbol” que asiste a todos los argentinos y no sólo a aquellos que disponen de medios para pagarse la tv privada, un proyecto que, según ella, supone la “democratización de la sociedad argentina” y contribuye a la imprescindible igualdad entre las clases. Maradona está encantado hasta el punto de regalarle a la primera dama –que atraviesa su peor momento político—una camiseta con su nombre y firma, como reconocimiento a este gran gesto de Estado que costará al contribuyente 110 millones de euros, una cifra prohibitiva en una nación que mantiene a importantes grupos de población bajo el umbral de la miseria y a amplios sectores sociales incluso en situación de desamparo absoluto. La Kirchner no ha podido explicar, claro, cómo su patrimonio conyugal se ha visto multiplicado por tres en un abrir y cerrar de ojos, ni ha conseguido espantar ese fantasma personal acusando los potentados del país de la penosa situación económica que atraviesa, pero ya ven cómo ha intentado convertir el fútbol en un insuperable aliado demagógico. Los evergetas romanos hacían lo propio con sus “circenses” pero los pagaban de su peculio. La demagogia postmoderna los carga a la cuenta colectiva.

También en España sabemos lo nuestro de guerras del fútbol y de elocuentes armisticios impuestos por los Gobiernos, pero hay que reconocer que no habíamos llegado nunca a la ocurrencia argentina a pesar de la amplia experiencia en ese negocio que nos legó el franquismo. Los demagogos de hogaño han perdido por completo la vergüenza, con independencia de que se conduzcan con la ingenua audacia del postperonismo o que lleven a cabo sus planes aprovechando –como es nuestro caso—la descomunal imbricación del deporte en la vida diaria que propicia un determinado modelo de difusión mediática. Es impresionante el espacio concedido hoy en esos medios al deporte en general y al fútbol en concreto, aunque, de momento al menos, no hayamos proclamado ese “derecho a ver el fútbol” con que la corrupción argentina pretende tapar sus agujeros negros. Franco sacaba al Lute del desván cuando había que tapar problemas como hoy se detiene a la Pantoja de madrugada y la Kirchner paga el fútbol para todos. No cabe duda de que cada maestrillo tiene su librillo.

11 Comentarios

  1. Ese opio es efectivo y no habrá demagogo que no lo utilice. Al fin y al cabo, la democracia, sin sin ir más lejos la española, lo «administra» en vena respondiendo a la demanda creciente de una sociedad a su vez estimulada por la oferta. Da no sé qué prender la radio cada noche y encontarrse con los doctores futboleros por todas partes en el dial. ¿No es lógico que aprovechen el tirón las dictaduras también?

  2. Menos latín y más fútbol, pontificó Solís, la Sonrisa del Régimen (del anterior). Pero ello no supone que la manipulaicón enejanante sea cosa privativa de las derechas o de los fascismos. Las izquierdas, si es que así puede llamarse a estas comparsas carnavaleras de pañuelos al cuello y puños en alto, no le van a la zaga en esta materia. Recuerden el esfuerzo deportivo de los países soviéticos tanto como los realizados por todos los tiranos del la Historia.

  3. Si me dan a escoger prefiero el deporte en general al balón pie en particular.Se debería autorizar unicamente en los juegos paraolímpicos: es un deporte adaptado para mancos descerebrados.
    Como dice aquí el anfi: cada maestrillo tiene su librillo….Cuidado que es bonito el dicho. Por lo menos a mí me encanta y hacía años que no lo oía.
    Besos a todos.

  4. Hoy hemos leído en la prensa que el matrimonio Kirchner lleva un tren de via asiático y no puede justificar su enriquecimiento, en efecto. Nos preguntamos, en todo caso, dónde no abusan de sus cargos los que mandan y en qué país no hay manipulación de la conciencia aprovechando la pasión del fútbol u otros deportes. Por curiosidad hemos planteado en clase (mixta, entre 12 y 14 años) poner en orden de importancia una serie de actividades entre las que estaban desde las elementales que garantizan la vida social hasta las reservadas a personas de alta capacidad económica, pasando por el fútbol y tres cuartos de la clase ha puesto en cabeza del ranking al dichoso fútbol. Ahí queda el dato por si puede aclarar algo. Imaginamos que en el país de doña Marta o en el que vive Miller ocurriría tres cuartos de lo mismo.

  5. Me gustaría saber qué pùesto ocupa en el informe sobre la Educación confeccionado por la OCDE que acaba de hacerse público ese gran país con tan mala suerte política que bes la Argentina. España ocupa el antepenúltimo, solamente tras Mexico y Portugal, me parece recordar. Pero ¿y en fútbol? Ah, en fútbol somos los teyes del mambo y no sé si saben que las balanzas comerciales de países como los nombrados, España y Argentina, jutno a Brasil y ortso cuantos, dependen del tráfico de peloteros en buena medida. Todo pueblo, toda sociedad imagina en cada momento su diversión, se agencia su fuente de alienación, como si dejéramos, que no tiene por actuar fumada o pro vía intravenosa.

  6. No se tomen a título menor esta denuncia de tan pintoresca política, ni siquiera viniendo de Argentina el caso. Demasiados «ídolos» en esta sociedad, ese es el resumen de la cuestión. Y en conseceuncia, exceso de «pathos», desbordamiento del saludable interés por el deporte o por lo que sea, pues esos ídolos están por todas partes y en todas las áreas de juego. El «derecho al fútbol», algo genial en un país con graves problemas de pobreza y también de hambre. Lástima que nuestra amiga argentiba de ortos tiempos, Mendozina, no ande entre nosotros para comentar el asunto.

  7. Interesante tema, más viniendo de un futbolero tan preclaro como mi amigo ja, que le pegaba al balón con muy buenas maneras… Gracias por la acogida que me dieron varios avisados a alos que no escapó mi identidad bajo el pseudónimo. Hoy quiero sólo decir que, en relación con Argentina, la cosa es bien indignante, pero no menos que en España o en Italia, donde padezco silencioamente este levado de cerebro. No consuela el mal ajeno, pero hay que reconocerlo para no pensar que somos una excepción. El fútbol –ahí tienen lo que está suciedienco en África– será en poco tiempo un factor fundamental en la vida de las sociedades postmodernas.

  8. Voy a tener que cambiar mi hora de visita al blog porque no solo aprovecho la ósmosis de sabiduría del casero, sino que disfruto como una persona de baja estatura con el altísimo nivel -nada de ironía- de los ilustres coblogueros.

    Me ha encantado la alusión y la explicación de mi doña Marta acerca del paralimpismo del balompié, así como el detalle de mi don Merulano refiriendo el fino estilismo como pelotero del Anfi. (¿Merulano? ¿Studenti.it? Non capisco troppo).

    Nada que añadir, panem et circenses. Bueno, sí. Mi hermanamiento cipionero con mi don Bergança, pues errabundo noctívago en el dial, el mosqueo se alía con el insomnio cuando solo hay acceso al chauchau vacío y falso del mundo futbolero. Al que por cierto hay que ir añadiendo, la pela es la pela, la paliza que ya dan con las motos gepé, las pooles y el circo inhumano del automovilismo.

    Item más. La emisora que nos cuesta dinero a todos está últimamente invadida, a la hora de la alternativa al furgo, por pretendidos jóvenes jocundos, ignorantes y malhablados. Nos ha merengao.

  9. El poder corrompe que frase mas cierta pero lo mas escandaloso es lo que los dirigentes llegan a hacer para mantener la boca tapada a los votantes, el tipico ejemplo de palmadita en la espalda

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