Tardío pero cierto. Vox retiró ayer su veto a los Presupuestos del “Gobierno del cambio”, no sin un largo preámbulo compartido entre su profuso y confuso portavoz y el vehemente y alborotado consejero de Hacienda. Se impuso con ello la lógica elemental y se evitó un despropósito a todas luces madrugador. Sus Señorías, como de costumbre, divididas en ese cargante distanciamiento que convierte nuestro Parlamento en eso, en una Cámara “baja”. Pero, en fin, Shakespeare una vez más: bien está lo que bien acaba. Romper la baraja a la primera de cambio hubiera triturado no sólo un proyecto incipiente pero razonable, sino el escaso resto de prestigio de una autonomía que arrastra ya demasiados disparates. En definitiva, el Gobierno sale reforzado del absurdo envite y Vox acaba de comprobar que los tiros por elevación raramente dan en el blanco.

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