No le falta razón, en cierto sentido, al expresidente extremeño, Rodríguez Ibarra, al protestar por la difusión generalizada de la acusación formulada por El Solitario sobre la presunta muerte por error de un pastor al que habrían confundido con el bandido, y la posterior ocultación de esa atrocidad por parte del propio Ibarra y del exgeneral Galindo. Hay cosas delicadas que no pueden acreditarse con el simple testimonio de un delincuente y, ciertamente, en este caso la acusación es de una gravedad que exigiría, por lo menos, alguna aclaración. El problema es que sobran precedentes de barbaridades semejantes que, incluso conocidas y requetepublicadas, no han producido el menor efecto jurídico ni político. Recuerden el caso del mendigo secuestrado y asesinado en Madrid por agentes del servicio secreto, por poner un caso, o el propio caso Lasa y Zabala, ya juzgado, que confirmó la inconcebible barbarie de unos hechos por los que la Justicia condenó precisamente a Galindo. Más recientemente, ahí está el supuesto montaje organizado por el mismo Ibarra, tras el atentado de Atocha, para facilitar apoyo logístico a Vera mientras éste informaba a su partido, en lugar de al Gobierno legítimo, sobre la autoría del golpe. O el chivatazo que salvó a los recaudadores etarras de ser detenidos y cuya investigación duerme el sueño de los justos en las acogedoras gavetas de algún juez. La protesta de Ibarra tendría sentido pleno si en España se respetara la legalidad y los desafueros constituyeran siquiera aisladas excepciones, pero difícilmente puede tenerlo en un panorama en el que la ilegalidad presunta e incluso patente ha llegado a ser no sólo frecuente sino habitual. Un pastor muerto por error en un descampado no parece nada del otro mundo considerado lo que sabemos que viene ocurriendo hace tiempo en el que vivimos, y la eventual ocultación de ese presunto crimen mucho menos todavía. A Ibarra es natural que le moleste la imputación directa y sin pruebas que le hace un delincuente, pero no lo es que pueda sorprenderse de un hecho que no deja de ser al menos verosímil dadas las circunstancias. Y ya puestos, tampoco que se apunte a quien, como él, no es nuevo en la crónica conspiratoria. Lo curioso y grave, a mi juicio, es que lo de menos en esta historia sea la posible muerte del pastor, es decir, que de todo el cuento lo más asumido como verosímil sea ese hecho tremendo que en cualquier democracia solvente hubiera pasado ya a mayores.

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El problema estriba, como decía, en que la mera imputación de un forajido sin la menor prueba de lo que denuncia, pueda colar de matute en una opinión que ha visto ya demasiadas barbaridades como para seguir confiando en el rigor de la autoridad, en especial si convalece aún del soponcio que pudo producirle la comparecencia pública del jefe de los espías o la noticia de que, mediante cohechos impunes, esos espías manejan los datos reservados de la Seguridad Social no sólo para controlar ciudadanos sino para recrear con ellos muertos vivientes útiles en sus enredos y manejos. Es grave e injusto, quién lo duda, que se acuse a Ibarra de ocultar el asesinato de un pastor por parte de las fuerzas de seguridad, pero mucho grave resulta, hay que insistir en ello, que hayamos llegado a un punto en que esa probable patraña sea aceptada como posible por los ciudadanos en lugar de ser rechazada como inverosímil, que sería lo natural que ocurriera en una sociedad libre de tantas sospechas. Ibarra se equivoca al apuntar contra los ‘medios’ en lugar de preguntarse qué circunstancias han hecho posible que la improvisada acusación de un maleante sea admitida, de entrada, por una opinión pública que no se extraña ya de que la autoridad secuestre, torture, asesine o entierre en una fosa con cal viva a quien cree oportuno, ni de que desde las alturas del Estado se colabore en montajes como el mencionado. El Solitario no es el problema e Ibarra, por supuesto, lo sabe de sobra.

14 Comentarios

  1. En todas las sociedades, sean estas democráticas o no, existen los denominados “crímenes de estado”, estilo Ben Barca, pero son generalmente y en última instancia, políticos (aunque pueden complicarse con asuntos de sexo y de money).Entiendo que como ser humano, y más como católico, tales actos sean totalmente repudiables y castigados, pero también, francamemte, entiendo que , a veces, sean más rápidos, eficaces, simples y GENEROSOS que los de la vía legal.(Ya sé que algunos van a discrepar, pero lo dicho, dicho está)
    Pero generalmente tales actos no tocan a vulgares criminales. ¿Es qué hay algo político detrás de este asunto?¿ Es eso lo que insinúa don Jose Antonio? ¿O es simplemente que la justicia española es incapaz de trabajar correctamente?

  2. Doña Sicard del alma, qué rezón tiene cuando dice que no termina de hacerse al teclado español. A su última frasele sobran los interrogantes.

    Un paleocacique, pretendidamente llamado andalucista -las terminaciones en ‘ista’ me ponen bastante de los nervios- que fundó un partido para el solito y para veinte de los suyos, como el Cid cabalgante, ya definió a la ‘justicia española como un cachondeo’, que no es palabra que me suene bien, pero es bastante definitoria. No hace ni diez días, un violeta, huy violador, es que el lenguaje del trullo a veces se me cruza en el camino, volvió a perpetrar otra vez su barbaridad, porque ‘ya había pagado su condena’.

    La justicia española, como recalca el Anfi en un ramillete de ejemplos, que podría aumentarse hasta convertirse en todo un herbolario, es de calidad dudosa. Una justicia de todo a cien. Hace un par de días hablábamos de jueces estrella, de abogados de pitiminí, de fiscales como lirios perfumando a sus señoritos. Un refrán español dice ‘pleitos tengas, y los ganes’, en el supuesto que el mero hecho de pasar por los tribunales es una agonía. Hoy habría que cambiarlo por ‘pleitos tengas y los pierdas’, porque reos convictos y confesos tardan cuatro telediarios en ser beneficiados por unas leyes más blandas que el lenguado meunière. Al poquito d cometer una atrocidad empiezan a obtener permisitos de fin de semana, vis a vis en los que puede intercambiarse de todo junto a juguillos genitales, prisioncitas atenuadas en régimen de media pensión y cosas así.

    De nada vale que -ay, si lo pusieran a referendum- que gran parte del pueblo español considere la perpetua como un bien imprescindible en la justicia española. ¿Que el Fulanito de tal está loquito? Pues que pase el resto de sus días en un psiquiátrico con rejas. ¿Que el crimen tal es de los de fundirse el cielo con la tierra? Pues que Menganito de opas salga su primera del trullo en su cajita de pino y su coronita de flores sobre ella.

    Pero claro, hay aquí tantos enchironados que ven cómo se trapichea con su próxima salida al sol de todos y con su paguita de 1500 al mes, supongo que netas -¿o también van a tener que pagar el IRPF estos angelitos?- que la justicia tiene que ser blandita y adaptarse a la vasija que la contiene, una justicia líquida y perfumada. Nos ha merengao.

  3. Ya estarán satisfechos los instauradores del Nicolás Sarkozy en el Elíseo.
    Quería mano dura para con los inmigrantes y ya empiezan a imponerla.

    Una familia rusa, joven, con un hijo de 13 años, buén estudiante, pero sin papeles desde que llegaron de Chechenia huyendo de la guerra. Hace 5 años y no han conseguido aún su legalización.
    Como la expulsión es ahora rápida y expeditiva, la mujer fué citada a comisaría para trámite rutinario.
    Al día siguiente a las 7.45 h. se presentó en su casa la policía. El padre temiendo lo peor, -la detención y expulsión drástica-, acompañado del hijo intentó huir por la terraza, el niño que le acompañaba tuvo la mala suerte de caer desde un 4º piso padeciendo contusión cerebral grave.
    La policía dice no ser culpable porque cumple órdenes, las asociaciones de derechos humanos están moviendo a la opinión pública, y el Sarkozy diciendo que es una “lástima” lo que ha ocurrido con el niño.

    Según dice la prensa, no es la primera víctima de la acogedora Francia del tal Sarkozy.
    ***********************************************************
    El sábado regresé de Lérida. Había ido con vespa a pasar unos días. A la vuelta entré en Cervera a visitar la antigua universidad.
    Dicha universidad tiene un origen curioso. Como premio a su fidelidad por la causa de Felipe V, éste al cerrar todas las universidades catalanas por su oposición al Borbón, construyó en Cervera la única a la que daría legitimidad.
    Llegó a tener 2.000 estudiantes en aquella época.
    Fué uno de los castigos a que fué sometida la sociedad catalana, tras perder los fueros históricos.
    Duró la ignominia 123 años: desde 1714 hasta el 1837.
    Trescientos años después sigue sin derruirse, como muchos de los fantasmas del pasado.

  4. En esa univ. de Cervera fue donde don Fernando el Séptimo dijo aquello tan espléndido de “Marchemos todos juntos y yo el primero por la senda de la Cosntitución”…, querido Abate.
    Veo que también hoy los comentarios desvía el tema (que me parece que es el mito del bandolero generoso) propuesto por jagm. Es lo bueno que tiene el círculo abierto de discusión, aunque sospecho que al autor correspondiente debe de hacerle la misma gracia que al profe al que sus oyentes le retuercen el tema y salen por peteneras.

  5. Volver por los viejos caminos (¿y qué son los temaso, sino caminos?) rejuvenece, querido ja, y veo que el bandolerismo no se le ha olvidado. El caso de El Solitario me sorprende como al autor y el de su abogado me produce el mismo rechazo que ya han mostrado otros blogueros. No salimos del bandido. El Lute no era un invento de Franco sino una constante de la mentalidad española.

  6. Ibarra es un osado sin límites y un intrigante nato. Observen ustedes que la mayoría de los que hicieron la clandestinidad de vacaciones han roto en conspiradores e intrigantes.

  7. Creo entender entre líneas a doña Marta Sicard algo que ya le ha opuesto al anfitrión en ocasiones anteriores: la validez de la acción drástica ppor parte del Estado (¿a que lo he dicho bonito y eufemístico?). Y eso merece la pena que lo repiense quien como ella cita el caso canalla de Ben Barka. Pero hoy jagm no habla tanto de eso (más no habla nada) sino de la curiosa “naturalidad” con que puede aceptar la opinió pública estas “intervenciones”. Como él creo que es una calamidad nacional ese estado de opinión.

  8. Nada que objetar, total coincidencia. Ibarra es un paleto ensoberbecido pero lo de menos en esta historia, efectivamente, es la anécdota ibarrina. Lo que cuenta es el cuento mismo, el del pastor. Creo que Clara y sus amigas han visto bien la cosa.

  9. Nada de esto es nuevo. Corcuera hablaba de “dar mulé”, como los mismos bandidos célebres. Y el pueblo español, dicen que en mayoría (aunque me resisto a creer en ello) aprobó la matanza de los GAL organizada desde el Gobierno. ¿Cómo quiere que el pueblo opine derecho si le dan la plana torcida, admirado gm?

  10. Acá sabemos más que nadie de pastores muertos, mozos raptados, pibas torturadas que acababan enamorándose de los verdugos, Dios qué horror. ¿Ven como no estoy aún para ejercicios? Les mando un abrazo y al jefe un beso, como siempre.

  11. 20’10h
    Jefe, no da puntada sin hilo. A veces temo por usted, ya que isted àrece no temer ni a lo que es forzoso. Tengo que darle las gracias por eso también, y me figuro que no habrá escapado a los demás el hecho.

  12. No me digan que de todas maneras, no es acojonante la historia que se ha marcado el bandolero o quien sabe si su abogado mismo. Quedan pocos cocos en España que se espante, a estas alturas, de estas circunstancias.

  13. 00:19
    Todo dicho, como casi siempre a esta hora.

    Toda la razón tienen doña Clara y sus amigas y ninguna mi admirada y simpática doña Sicard. El crimen de estado no tiene ninguna justificación y sí es, generalmente, el inicio de una represión brutal que suele acabar en dictadura. Recuerden los casos vividos en Argentina, Filipinas, Zaire, Guinea y muchos más además de Alemania.

    A la admiración y las simpatías que muchas veces recogen los bandidos, nunca generosos, no les veo más explicación que el regocijo popular ante el poder en dificultades.
    En el caso del miserable que nos ocupa parece que tiene más peso la industria de los friquis que ninguna otra cosa.

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