Es curioso que la bronca organizada por los trabajadores del Infoca antes de comenzar la temporada de verano y, con ella, los incendios, contra el decretazo de la consejera de desplazar a la empresa pública Egmasa las tareas y, en consecuencia, los presupuestos, se hayan acallado ahora que hay campos ardiendo cada dos por tres y no hay día en que no perdamos en nuestros campos cientos de hectáreas. Porque, una de dos: o aquellas bromas eran puro ruido gremial, follón interesado (y en ese supuesto, temerario), o tenían sus motivos serios los protestantes, y entonces algo deberían estar diciendo ahora que los fuegos se prodigan. ¿Era buena o mala la providencia de la consejería, funciona mejor el sistema impuesto a las bravas por la consejera o el que venía funcionando con anterioridad? Los implicados en aquellas porfías, en especial los sindicatos, deben aclarar esas preguntas antes de que se produzca algún suceso de mayor cuantía. Y si no lo hacen, debería ser la Junta la que aclarara las razones que tuvo y que tan criticadas fueron. Lo que importan son los resultados. Pero es importante que una partida tan decisiva se juegue con claridad.

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