No acabo de entender qué sentido tiene la ley de la Muerte Digna que acaba de aprobar la Junta de Andalucía. Y no lo entiendo porque, retirada, como buen juicio, la polémica cuestión de la eutanasia y el suicidio asistido; una vez renunciado también el propósito, más que discutible, de sancionar la objeción de conciencia médica; poco queda en esa norma que no estuviera ya vigente. El derecho del paciente a renunciar al tratamiento no hacía falta ninguna reiterarlo pues está reconocido de hecho y de derecho no en nuestra legislación sino en todas las civilizadas. ¿A qué viene, entonces, tanto ruido en un Parlamento que lleva tanto atraso en tantas materias graves y comprometidas? Salud tiene muchos frentes abiertos que requieren su atención mucho más que este paripé.

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