Poco, o más bien nada convincente, resulta el kikirikí del Consejero de Salud, Aquilino Alonso, en su tenaz intento de cargarse lo que, en el fondo, y gracias a sus sanitarios, no deja de ser un buen sistema público de salud.

Hasta el Consejo Económico y Social, órgano vicario y obra de la Junta, acaba de darle un enorme trallazo al reprocharle a doña Susana el triunfalismo de su pretorio y denunciar el bajo nivel de gasto dedicado por la Junta a la salud de los andaluces. Pendientes de Madrid, los junteros se muestran ciegos y sordos ante un clamor popular cuyo alcance, incomprensiblemente, parece no percibirse desde San Telmo. Acaso no se han percatado de que lo institucional está siendo desbordado por lo asambleario.

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