Cualquiera sabe qué hay de realidad y qué de propaganda en el movimiento gay que se abre camino en Cuba. Desde el régimen se exhiben sus manifestaciones como pruebas de apertura mientras la oposición no ve en ellas más que publicidad política, pero es lo cierto que mucho han cambiado las cosas si recordamos la tristísima crónica de la persecución de los homosexuales que en los años 60 respaldó lo más granado de la dirigencia revolucionaria, incluso en casos tan desgraciados como el de Reinaldo Arenas que han contribuido a difundir entre el gran público la novela de Jorge Edwards y la película de Julián Schnabel. Cualquiera sabe, ya digo. Es cierto que el comandante Castro ha asumido públicamente su responsabilidad en aquellas barbaries, que él atribuye a la complejidad del momento político, y también que, desde los años 80, el castrismo permitió a la cirugía llevar a cabo intervenciones de cambio de sexo, hoy día habituales ya en el Centro de Educación Sexual (Cenesex) que dirige Mariela Castro, hija del actual presidente Raúl y propulsora de un incierto movimiento de liberación sexual diferenciado, por supuesto, del considerado como opositor. Pero es difícil saber qué hay detrás del espectáculo que, esta semana misma, han protagonizado en La Habana una transexual y un gay a los que no se les ha ocurrido ni más ni menos que elegir para el día de la falsa boda (en Cuba no está permitido el matrimonio homosexual) el cumpleaños del dictador. La polémica está servida, pues, aunque se imponga la evidencia de que hay cambios sociales imparables incluso para los autoritarismos más celosos de su propia mitología. Nunca me creí la fábula amable de “Fresa y chocolate” porque, incluso en quienes en lo antiguo simpatizábamos con Cuba –incluidos Cortázar y tantos otros–, la historia dolorosa de aquellas inhumanas persecuciones nunca dejó de pesar.

 

A saber qué hay de auténtico y qué de montaje en toda esa movida en la que hasta la citada Mariola ha enviado a los novios su felicitación aunque renunciando a actuar como testigo, pero en la radio oficial escucho comentar la noticia como si se tratara de lo más normal del mundo y como si antier mismo no fuera todavía firme criterio del “régimen” que el solo reconocimiento de la homosexualidad bastaba para que los tribunales actuaran con severidad contra el reconocedor.  Claro que Castro cumplía ese día 85 años y esos son muchos años para remar contracorriente, incluso para él, que no conoce mayor insulto que “marinconzón”. A saber qué haría hoy aquel Ché que parece que respaldó unas persecuciones de las que hoy se ríen los jotos en pleno corazón de La Habana.

12 Comentarios

  1. Se nota que el señor Zeta no ha pisado Cuba ni leído a Walt Witman. En cuanto a la columna no creo que se pueda discrepar de su sentido último, la evolución forzada de un régimen dictatorial que hoy «tolera» a los «diferentes» son la misma indiferencia con que antes los enviaba a campos de concentración. Eso no pasa solamente en Cuba, por cierto.

  2. Lo de fresa y chocolate era demasiado bonito, demasiado romñentico, para ser cierto. La «diferencia» casi siempre es insuperable en régimen de dictadura, por más literatura que se le quiera echar a cada caso. Y esta boda o bodorrio tan estrafalaria, con transexual a bordo de limusine y mariquita converso esperándola al pie del altar –es un decir– lo mismo: cuento que le viene bien a los Castro y de paso flexibiliza la situación de los «jotos», pues sepa señor Zeta que así es como en La Haban se han llado toda la vida a los maricones, que es como en España se ha llamado toda la vida a los homosexuales masculinos.

  3. No sé quien es más falsario, si el castrismo o los gays. De todas formas hay que preferir esta comedia a la tragedia antigua.

  4. No esperaba yo que la dureza de los Castro evolucionara por ese lado, pues en Cuba la homofobia ha sido siempre fuerte y con la dictadura llegó al paroxismo. Todo lo puede el tiempo, hay que admitirlo, incluso aquello que las mayores fierzas del mundo no consiguen. Ayer ví la foto de ese mariquita vestido de novia en su descapotable y me pareció patético todo. ¿Es esa la evolución que se espera de una dictadura?

  5. Estas con cosas de este tiempo no solo cambiante sino confuso, porque dóganme si no que significa ese de una boda entre una transexual y un homosex, ¿cabe mayor disparate? Estos son motajes de gentes sin mejor oficio que nada tienen que ver con las reclamaciones de personas reclaman su libertad sexual.

  6. Si la medida de la democracia fuera la manga ancha con estas veleidades acarreadas por la modernidad, iríamos aviados. Cuba no tiene salida política como no la tenía España. Que unos cuantos raros tengan ahora la libertad que en tiempos se le negaba injusta y brutalmente a los homosexuales no supone ninguana revolución sino un mero paripé. Fíjense en que los Castros tienen a una de la familia al frente del chiringuito en cuestión.

  7. Reconocemos meláncólicos (a jagm se le nota tela) nuestra inevitable decepción con Cuba. Demasiado hemos aguantado con la esperanza pero también por empecinamiento. Hoy no hay nada que defender ya, por desgracia, y hasta una transición se antoja difícil. Me conformaría con que se evite finalmente un conflicto civil.

  8. Fresa y chocolate, qué grandes es el amor, oh, la fuerza más avasalladora del mundo, la que puede con todo, incluso con las dictaduras… No me convenció aquella película y no he visto la citada en la columna, pero me acuerdo muy bien de la persecución sufrida por el poeta Arenas, que terminaría suicidándose en el extranjero, como un perro. Usted menciona a Cortázar pero no era sólo él; por entonces éramos muchos los que sosteníuamos moral y políticamente aquel régimen, y le agradezco la sinceridad con que confiesa que usted era uno de ellos. ¿Qué me dice de García Márzquez? Nos hemos equivocado muchas veces, otras hemos dado en la diana. Después de todo, querido amigo, así es la vida, no como nos gustaría que fuese.

  9. Ceremonias como esa son meros montajes publicitarios, del Régomen o del Movimiento, da lo mismo: pura agitación y propaganda. No es libertad sexual lo que Ciba está necesitando, precisamente. Y la presencia de esa Castro metida en el fragado gay es más que elocuente.

  10. Un espectáculo lo que dice un espectáculo el ofrecido por los manifestantes madrileños «laicos» (?) al intentar romper la procesión posterior al Via Crucis papal. Una vergüenza la pasividad de un Gobierno que no es capaz ni de garantizar la libertad de cultos.

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