Un servicio de la Guardia Civil ha descubierto en pleno centro comercial de Torrelavega una tienda regentada por ciudadanos chinos en la que se vendían al público cientos de productos alimenticios legalmente caducados, incluso en el año 2004, tales como conservas, jamón, aceite, pastas, bebidas, leche, yogures o mayonesas, aparte de Coca-Colas igualmente fuera de plazo, sin contar con que también disponían de alimentos frescos sin licencia comercial. El truco estaba en borrar las fechas,  manipular las etiquetas y dar por liebre fresca el gato añejo, truco idéntico al que utilizaban en un ‘mini market’ malagueño dos europeos orientales en cuyo haber se hallaron–caducados, por supuesto– nada menos que 2.325 productos (desde pepinillos o alcachofas a verduras y salsas, pasando por batidos, galletas o champiñones) comprados al parecer, en países del Este. Hechos como los descritos, que ni son los primeros no han de ser los últimos, han preocupado no poco a la opinión que, estimulada por los ‘medios’, parece ser que se detiene ahora un pocos más en comprobar el etiquetado obligatorio que garantiza la idoneidad sanitaria de los alimentos, pero tal vez no han dado lugar todavía a que se abra un debate social importante en torno al fondo del tema, dentro del cual se tratara de averiguar, primero, si de verdad la caducidad es un efecto real o –como sugieren algunos críticos– un mero ardid de fabricante, y segundo, cómo es posible que si el comercio de caducados es tan frecuentes tengamos tan pocas noticias de episodios sanitarios graves. En uno de los muchos comentarios que he oído sobre uno de los casos reseñados se insinuaba que entre los consumidores de la mercancía ilegal prevalecía la población pobre y, fundamentalmente, la inmigrante, una circunstancia tan despreciable como lógica. Cada vez que tiro un yogur envejecido a la basura pienso en que, le guste o no a la industria agroalimentaria y al sector comercial, hay que entrar a fondo en ese debate.
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Una leyenda que todavía nos contaban en el cole a los de mi generación sostenía que los aventureros de cierta expedición a la Antártica (quizá la de Amundsen, no recuerdo bien) encontraron un refugio, en perfecto estado, piezas de chocolate y naranjas que habían dejado allí algunos infortunados antecesores suyos, pero esa anécdota no entraría hoy en nuestra discusión porque sobre lo que recaen las dudas es sobre la realidad de un hecho que, a fuer de consuetudinario, ha llegado a ser simplemente burocrático. ¿De verdad se recogen como es preceptivo ‘todas’ las mercancías pasadas de fecha, de verdad se destruyen luego en hornos como también está mandado? Entonces ¿de dónde salen esos cientos, miles de alimentos caducados que el Seprona acaba descubriendo, me temo que sólo en un porcentaje discreto de ocasiones? ¿Cómo entra en España el desecho alimentario de los países del Este, quién y cómo lo compra? Pero, sobre todo, ¿de qué modo explicar que nutridos sectores de población consuman sin consecuencias lo que se declara oficialmente nocivo o peligroso? Me temo que, aparte de todo, un vasto negocio se esté desarrollando alrededor de esas desvalidas poblaciones de inmigrantes impedidos de cualquier acción legal, de la misma manera que ya funciona hace años un canallesco mercado de alquileres explotadores que la autoridad no puede ignorar por mucho que lo finja. ¿Caducan de verdad los yogures o las conservas, o se trata tan sólo de un invento comercial para aumentar artificialmente el  consumo? Hechos como éstos exigen que se diga la verdad, oyendo a tirios y a troyanos, a ser posible por encima de las fuertes presiones que un sector tan influyente puede imponer incluso a los gobiernos. Y más aún, exigen que se vigile el abuso oportunista del ciudadano débil que ha de recurrir a zamparse lo que ni en los precarios mercados del Este europeo se tolera consumir.

22 Comentarios

  1. Una puntualización que será obvia para muchos coblogueros, pero que creo oportuno remarcar. No todas las conservas, yo diría incluso que la mayoría de las enlatadas, no registran una fecha de caducidad sino la leyenda ‘consumir preferentemente antes de’. Una leche por ejemplo, hipermanipulada, que ha podido pasar semanas a temperatura alta en los almacenes o incluso en los patios de los mismos, puede estar perfectamente ‘dentro de fecha’ y haberse degradado sus condiciones organolépticas sin que produzca daño al consumidor. O sí. Sin embargo, ese mismo producto, resguardado en unas condiciones mínimas de temperatura y humedad, no solo puede ser perfectamente válida para el consumo sino conservar sus mejores cualidades, meses después de su ‘consumo preferente’.

    Otra cosa son los productos perecederos que ‘sí caducan’. Generalmente tienen un margen posterior de consumo inocuo, variable y por tanto de cierta peligrosidad, una especie de ruleta rusa. Pero observen las multitudes que se congregan alrededro de los contenedores de basura próximos a las grandes superficies de alimentación a las horas previas al cierre y comprobarán cuánta gente come de lo que los comerciantes dan como no vendible.

    Como en el caso coreano de las vacas locas, hay quien prefiere pillar un día una intoxicación que lo puede llevar al Jardín, que pasar hambre día tras día.

    Tampoco malmiremos a los comerciantes de origen extraño. Yo he devuelto una cocacola en una terraza donde me iban a cobrar un riñón porque me la pusieron en la lata que yo había pedido y sabía a metal. Al mirar el sellito de la base, vi que tenía más de un año de fecha pasada. Por supuesto que rellené mi hoja de reclamación, a pesar de que vino a suplicarme que no lo hiciera el responsable máximo que estaba en ese momento con su pedazo de smóking impecable. Estaba dispuesto a hacerme cliente vip el tiempo que quisiera sin pagar un ochavo. Me dí el gustazo -o la obligación, según se mire- de hacer oidos sordos.

  2. Interesante tesis: la caducidad de los alimentos sería una estrategia para vender más. Y buen argumento: si no fuera así habría constancia médica de sus efectos perniciosos. Hay cosas que todos hemos pensado alguna vez pero que se ven iluminadas con otra luz mñásclara cuando las enfocan desde fuera con intelginecia. Esta es una de ellas.

  3. Personalmente no tiro casi nunca un alimento caducado si ha estado en la nevera y buenas condiciones. gm saca hoy un tema maldito, del que nadie quiere hablar, pero que la autoridad conoce hace mucho.

  4. Y naturalmente, son los pobres, los “menos favorecidos”, los inmigrantes “sin papeles” o con ellos, los parados, las familias proletarias numerosas… quienes los consumen. Una verdad tabn a la vista necesita ser puesta bajo el foco, en efecto, para que se vea con claridad en todo su infame alcance. Otra vez el incansable espíritu de justicia de nuestro anfitrión. Dios se lo pague.

  5. Arbitrario todo. Al padre cura hay que decirle que venda una sala del Vaticano y podrá remediar a medio mundo.

  6. (Receso escolar)
    Hemos preguntado en clase: la mayoría (clase medio/mediobaja) se muestra indiferente e incrñedula ante la caducidad de los alimentos. En sus casas eso no se tiene en cuenta. ¿Ven como todo se explica? Hay negocios como esos porque hay públicos indefensos que los frecunetan obligados por la necesidad.

  7. La caducidad es un invento en la mayoría de los casos, no lo duden, y felicito a jagm por tener le valor de decir en público algon que enfurece a los fabricantes. Si fuera cierta, habría miles deintoxicaciones, como se ha dicho, y no poarece que los médicos las hayan detectado. Más pelirgo hay en muchos establecimientos ´públicos “normales” (bares, restaurantes) y nadie se para a imaginarlo al menos.

  8. Me gustan estos vuelos rasantes, a ras de tierra, que es donde están los problemas vitales, los que afectan directamente a la gente. El jefe pasa de la anrtopología a la denuncia y se queda tan pancho. Yo que él tendría cuidado con los perjudicados porla crítica.

  9. Creo que hoy estaremos todos de acuerdo y hasta puede que el Abate,que últimamente está portándose muy bien, coincida con la mayoría. En Francia tienen fecha de caducidad productos tan raros como los condones o los carretes de foto (antiguos), no les digo más. ¿Ustedes creen de verdad que un preservativo caduca?

  10. Hay muchas cosas caducables, sin embargo, ya me entienden, de las que nadie osa hablar. Los títulos académicos,los oficios “ganados” por oposición, las plazas vitalicias. Nuestros políticos nunca dirán nada ante esa realidad porque ellos mismos aspiran –todos– a la eternidad profesional. ¿Yogures? En el frigo, yo me los como de un trimestre para otro.

  11. Ayer le envié un beso a sociata, aunque tal vez era otro, y hoy lo mando a comer estiércol. Muy fresco, por supuesto.

  12. Vuelvo a escribir mi comentario: Mis hijos sí respetan las fechas de caducidad, pero yo no.
    Aquí todo lo tiene: todos los medicamentos, la aspirina también, todos los productos lácteos, las latas de conserva y todos los productos perecederos.
    Respecto a las medicinas, antes enviábamos los medicamentos no utilizados( sin reparar en la fecha de caducidad) en contenedores a unas monjas de Africa que los esperában como Jesucristo redivivo. Ahora ya no podemos. Resultado: podemos enviar muchos menos medicamentos…y las monjas pueden curar a muchos menos enfermos.
    Creo que aquí rije lo que llaman “el principio de precaución”, y luego algunas almas generosas se escandalizaron porque mandíbamos a los negritos lo que nosotros ya no queríamos.
    Tantas “precauciones” son contraproducentes, pero desde luego , a algunos, (en este caso los laboratorios farmaceúticos) pueden forrarse aun más.
    Desde luego hau todo una economía paralela con los deshechos, los restos, los excedentes del rico occidente.
    Besos a todos.

  13. Parece mentira que no queramos entender las cosas. Lógicamente los productos perecederos; conservas de pescados, carretes de fotos, preservativos, refrescos, pastas, legumbres, y demás productos de larga duración, también tienen una fecha de caducidad, que nunca es exacta, porque depende mucho de las condiciones de almacenamiento y transporte de los productos. Debemos exigir cuanto mas información mejor.
    Quien carece de los medicamentos necesarios, y le proporcionan uno que puede haber perdido un 10% de su efectividad, yo me lo tomaría ya que tengo un 90% de posibilidades de curarme y si no quisiera un producto caducado no tendría ninguna posibilidad.

  14. Parece mentira que no queramos entender las cosas. Lógicamente los productos perecederos; conservas de pescados, carretes de fotos, preservativos, refrescos, pastas, legumbres, y demás productos de larga duración, también tienen una fecha de caducidad, que nunca es exacta, porque depende mucho de las condiciones de almacenamiento y transporte de los productos. Debemos exigir cuanto mas información mejor.
    Quien carece de los medicamentos necesarios, y le proporcionan uno que puede haber perdido un 10% de su efectividad, yo me lo tomaría ya que tengo un 90% de posibilidades de curarme y si no quisiera un producto caducado no tendría ninguna posibilidad.

  15. En el anterior comentario puse El- , y al querer cambiar el guion lo envié sin poner el nombre. Disculpas.

  16. Hay pocos medicamentos inestables, ¿verdad doña Bachillera/Icaria/Etcétera? Ciertas ONGs fueron reprendidas en su día por enviar a África medicinas caducadas. Ya ven, igual que en el supermercadillo: siempre pagan los pobres. La caducidades un negocio,al margen de excepciones. A nadie hay que adviertirle que la leche o los huevos se estropean. El resto no lo crean.

  17. Hay multritudes viviendo en vertederos. De los vertederos. Aquí tememos que un fármaco o una conserva elaborada con técicas avanzadas nos envenenen. Trucos de mercado, pero al final pagan los pobres. Si esos descubrimientos losn hacen las policías en un supercento del Barrio de Salamanca madrileño, hubiera llegado el grito al cielo.

  18. En los medicamentos, además del producto activo hay toda una serie de excipientes. Algo que casi todos ustedes saben, discúlpenme, pues. De ellos depende muchas veces la durabilidad y la estabilidad del primero. Quitando los que exigen una cadena ininterrumpida de frío -vacunas, sobre todo, y otros con excipientes líquidos- los demás suelen tener, como queda dicho ya, una efectividad decreciente cuando transcurre el período que vamos a seguir llamando de caducidad, difícil de establecer, si ha tenido unas mínimas condiciones de conservación protegido del excesivo calor y de la luz.

    Hoy que el Caimán caribeño ha entregado la cuchara -je, je, mi dedito se pone enhiesto- habría que recordar cuando en Cuba se promocionó la medicina tradicional, que puede traducirse por curanderismo, porque había que superar las odontalgias por ejemplo a pelo, dado que ni aspirinas había disponibles. Para el pueblo, of course, que la nomenklatura no creo que pasara esas estrceheces.

    En los años ochenta los médicos noveles que querían hacer ‘Salud Pública’ elegían el Reino Unido o Cuba. El primero gozaba de un Sistema de salud envidiable que fue en parte desmontado por la señora Thatcher, de infausta memoria. En el segundo se formaron lumbreras como el pobre Llamazares, que se quedó anquilosado en esa grandiosidad grouchistaleninista, tan envidiable también. Je, je, el dedito. De hecho, en los primeros tiempos de las transferencias sanitarias a las CC. AA. no era raro oir de vez en cuando a algún iluminado hablando de instaurar métodos cubanos, como era por ejemplo la figura del sanador. Alguien que en un sitio remoto, una aldea sin médico, supiera curar adecuadamente una herida o inmovilizar una fractura o prestar unos mínimos primeros auxilios, como si aquí tuviéramos que retroceder un siglo y no hubiera tvs a porrillo o torres de cobertura de teléfonos celulares hasta en los rincones más más. Como si las ambulancias medicalizadas solo se vieran en las pelis de yankees.

    A propósito, madame Marthe. Cualquier día le cuento un chistecillo relacionado con el funcionamiento de la web del Anfi, que hoy ciertamente ha pasado ratos en el limbo.

  19. 01:13
    Don Zángano pregunta si un preservativo caduca. Cómo no va a caducar si la secuela puede durar 25 o 30 añitos, y no digamos si la secuela fuera el SIDA.
    Esto me recuerda al chico del farmacéutico que hacía hijos para la Patria pinchando los preservativos que vendía su padre.

    Pasándose, como gusta hacer la administración que no deja de mirar por el bien de los grandes negocios, ya están saliendo los neumáticos de los coches con fecha de caducidad, y no me extrañaría que ya estuvieran estudiando ponérsela los cigüeñales y a los chasis.

    No sé por qué se escandalizan por el rescate de las basuras. ¿No saben que es uno de los principales medios de vida de las Koplovich?

  20. La fecha de caducidad debería ser un referente para: 1) a la hora de comprar
    mirarla con detalle para evitar adquirir algo que va a caducar inmediatamente. 2) Organizarse en casa, es decir, no volver a comprar más del mismo producto en tanto se tenga, para que no se arrincone, cosa habitual. 3) Los enemigos de los productos alimenticios son calor y luz; conservando los alimentos al abrigo de la luz(aceites) y en espacios frescos hay menos peligros de que se deterioren. Un aceite, por ejemplo, conservado en frigorífico, no digamos en el congelador, puede mantener sus caracteristicas por largo tiempo. Las botellas transparentes de aceites que se ven en los escaparates, muchas recibiendo directamente los rayos solares,no les quepan dudas que en poco tiempo estarán rancias (peróxidos, oxidantes muy nocivos cuando se ingieren).

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