Los obituarios suelen ser desconcertantes, sobre todo si están escritos por quienes no conocieron al personaje más que por su leyenda. Leo en mi propio diario opiniones estupendas, como la de que Fraga fue el guía de la Derecha española gasta la democracia o que, en su larga vida política, fue “sólamente beligerante a favor de la paz , el perdón y la reconciliación entre todos los españoles”. O su propia protesta de que él jamás colaboró con dictadura alguna, lo cual, subjetivamente hablando, es inobjetable. Fraga ha sido un personaje clave del último medio siglo, una pieza maestra del régimen caudillista de Franco –su “Goebbels” ha dicho alguien–, un implacable ministro de la Gobernación sobre el que pesa el atentado policial de Vitoria, el viejo político que si no dijo aquello de “la calle es mía” cuando le dieron el tiro en sedal a Curiel, la verdad es que podría haberlo dicho sin traicionar su pensamiento. Algunos conocimos s Fraga joven y era una fuerza de la naturaleza, un ciclón que atropellaba sus lecciones ininteligibles o perseguía por los pasillos (lo digo por experiencia) a un alumno por el delito de lesa cátedra de llegar a clase un nanosegundo después de que el bedel cerrara la puerta. Fraga nos entretenía con una ilegible “La crisis del Estado”, rehabilitaba a Karl Schmitt en sesión pública o dirigía la campaña contra Grimau a sabiendas de que su fusilamiento era un montaje que remataba su frustrada defenestración. Cuando Fraga se fue de embajador a Londres iba convencido de que volvería de Presidente  de una democracia emasculada y se encontró, al volver, de mariachi de Carrillo. Ésa es la verdad, que no resta méritos los suyos académicos y políticos –que los tuvo—pero que está mucho más cerca de la verdad que las apologías. Fraga apostó por el postfranquismo continuista y sólo la tozudez de los hechos lo emparejaron con González o el “verdugo de Paracuellos”. Un día le escuché decir a Jesús Fueyo, que lo conocían de cerca, algo que me dejó –entonces—turulato. “Ése, siendo él el primero, estará siempre a la cabeza de lo que venga. Fueyo era un fascista iluso. Fraga era un fascista asistido por la lucidez.

La desmemoria es mala, incluso si lo que procura es la templanza. Para los demócratas españoles, por ejemplo, no es posible presentar a Fraga como un paradigma del buen sentido democrático, sencillamente porque eso es mentira Que lo digan, si quieren, ppor supuesto, pero no es verdad. Fraga fue un personaje de gran talla en la España de Franco y en la que vino después, lo cual no quiere que fuera un demócrata Eso lo fue a la fuerza. Si por él fuera todo lo más hubiera habido una dictablanda tras la dictadura. Con él a la cabeza, por descontado, con él a la cabeza.

2 Comentarios

  1. Tras cuarenta y ocho horas de oír alabanzas sin cuento, ya era hora de que alguien retratara al personaje tal como fue.

  2. La Verdad sólo tiene un camino. Aunque no suela parecerlo. Enhorabuena, don jagm, tiene usted lo que hay que tener, incluso le sobra.

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