Espléndida la calificación judicial de la fortuna hallada por los investigadores en manso de los saqueadores de Marbellas: sonrojante. El miró en un cuarto de baño no debe eclipsarnos la inmensidad del zarpazo, la extensión de su trama, la complicidad pasiva y evidente de la autoridad que ha esperado a que un juez barbilampiño meta en la cárcel a unos cuantos para decidirse a actuar. ¿Se acuerdan de las súbitas suntuosidades de Juan Guerra, del frigorífico para visones de Aida Álvarez, de los tropecientos cuartos de baño de Boyer, del yakusi de Gil¿ Pues seguramente somos injustos sacando a la luz pública sólo a ellos porque debe de haber mucho miró en mucho cuarto de baño, mucho pura sangre en más de una cuadra, mucho euro durmiente en las cajas blindadas de los paraísos fiscales. Lo de Marbella será también una cortina de humo y un caballo de madera para facilitar la toma de la ciudad por los mirmitones de Chaves. Pero sobre todo es una prueba de que el agio, el mangazo, el saqueo de lo público ha alcanzado niveles impensables. Habría que revisar muchas fortunas. Iba a aparecer más de una sonrijante.

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