Lo de los ERE, qué quieren que se diga, parece no tener fin. Han transcurrido diez años y siguen surgiendo indicios o algo más que indicios sobre la mesa del juez que, en esta ocasión, ha imputado de nuevo a varios altos cargos no sin exponer su impresión de que, en su conjunto, aquellos manejos se hicieron, no sólo desde la arbitrariedad y el compadreo, sino desde una Administración “manifiestamente incompetente”. Se benefician los imputados del cansancio informativo que aflige a la opinión pública al cabo de los años, pero va quedando cada día más claro que aquel montaje exactor fue, probablemente, el más aparatoso de nuestra crónica autonómica. Nunca se reparará lo suficiente el roto hecho en la vida pública durante aquel periodo. Tan fácil como romper el jarrón es difícil recomponerlo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

limpiar formularioMostrar los comentarios de la entrada

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.