Final de partida

Hoy domingo, la inmensa mayoría estaremos en las calles de Barcelona apoyando la convocatoria de la Cataluña cuerda. Es lástima que no nos hayan convocado antes, como lo es que el Gobierno legítimo se haya excedido en su prudencia. Vale más hacer y arrepentirse –decía Maquiavelo, con perdón—que no hacer y arrepentirse. Y añadía sagazmente que la prudencia no estriba en evitar el peligro sino en calcular el riesgo y actuar “de manera decisiva”. Como hicieron, por cierto, los políticos de la República. Vean cómo alguno dijo en 1932 (léanse las memorias de Azaña o las de Lerroux) no estar dispuesto “a que se me comiesen la República” o cómo mostraron su determinación a “proceder con toda rapidez y con la mayor violencia (sic) reprimir la rebelión”. Escuchen también a Lerroux hablar de “la horda de Macià”, a quien calificaba de “mentecato”. Es inevitable recordarlos estos días aciagos en que González exige la aplicación del famoso 155 y Guerra sugiere incluso la intervención del Ejército. Con razón.

Muchos hemos respetado el ritmo lento de Rajoy pero la triste realidad no admite más cataplasmas. Vuelvo a Azaña, quien le dijo en una ocasión al general Batet que actuara de inmediato y que “entre la llegada de las tropas y la conclusión de los sucesos no debían pasar más de quince minutos…”. Ha tenido que ser el dinero, tan asustadizo, el que amague con fugarse para comenzar a recomponer el jarrón roto, y ahora le toca el turno a la “sociedad civil” –ésa de la que muchos hablan sin saber de qué–, o mejor dicho, a la otra mitad, hasta ahora incomprensiblemente silenciosa. Puede que alguien pregunte si es buen sitio la calle para dirimir tan graves diferencias, y seguro que habrá quien conteste que no; si lo hay, que señale un lugar mejor.

¿Y mañana? Mañana (o pasado) –¡cualquiera sabe lo que puede pasar hoy!–, ya veremos si esos locos proclaman su DUI o se lo piensan mejor. En este caso, habrá que rehacer la madeja devanada; en el primero, el Estado no tendrá otra salida que proceder contra los sediciosos y llevarlos ante la Justicia. ¡Otra vez la foto de Companys entre rejas! Tremendo, pero si no se actúa así, si el Gobierno continúa prefiriendo “no hacer y arrepentirse” luego, del Estado de Derecho, esa joya civilizatoria, quedará sólo su caricatura.

Hoy domingo, en todo caso, sabed no estáis solos, qué va, porque ya os digo que la inmensa mayoría de los españoles estamos con vosotros –los Albert, los Arcadi, los Álvarez de Toledo, los Gomá, los Arenas, los Carreras…–, más cerca o más lejos, pero íntimamente unidos. Gran paradoja: ¡han querido romper España y resulta que la han recompuesto! No recuerdo, desde luego, un disparate semejante ni un momento de mayor cohesión española que éste que vivimos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.