Ha sorprendido no poco el anuncio de un concierto masivo como el de Barcelona hecho público por la consejera de Cultura. Se trataría, por lo visto, de ir “experimentando” para explorar la vuelta a una normalidad que, en todo caso, hoy no parece próxima. No se convencen de que no existen los atajos sino que resulta forzoso seguir con pies de plomo el camino sugerido por la prudencia, aplicando al concierto el mismo criterio riguroso que se aplica a la tradicional corrida de toros. ¿Qué propondrían los apresurados para el caso de que uno de esos ensayos provocara un contagio también masivo? Autorizar una reunión multitudinaria mientras se prohíben muy cuerdamente las reuniones privadas no tendría sentido en un momento en que ni siquiera sabemos hasta dónde llegará esta nueva ola.

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