La orgía de los piratas tras derrotar en toda la línea al Estado español ha sido memorable. Un Alexander Exquemelin está pidiendo a gritos esa Tortuga en la que el oro del rescate ha disparado los precios hasta un mil por mil en medio de una descomunal fiesta en la que han hecho su agosto putas y narcos, tras el paripé lamentable protagonizado por unas fuerzas armadas atadas de pies y manos. En la historia de la piratería, ésta es la primera ocasión en que a los piratas les asiste el derecho a matar al tiempo que el de no ser atacados, una circunstancia que hace muy probable que el problema se prolongue y agrave, al menos a corto plazo. Hemos hecho el ridículo más absoluto escenificando la confusión tanto en los despachos de los ropones como en las planas mayores controladas, paradójicamente, por esos pacifistas que las teledirigen, lo que, no les quepa duda, nos convierte en presa favorita para unos bucaneros que ya sabe que pagamos a tocateja mientras nuestros guerreros, todo lo más, podrán perseguirlos sin quitar el seguro del arma. Un chollo. Los franceses, como los italianos y portugueses, han ido a por ellos enarbolando las leyes del mar y sin comerse el coco con las martingalas que tratan de explicar el corso como respuesta legítima y, naturalmente, se los han llevado por delante. ¿Qué quiere decir esa regla europea de que a los piratas se les puede perseguir pero no disparar y, para más inri, ese galimatías de que a los secuestradores del finibusterre no es lícito pagarles rescate pero hay que pagárselo? España ha hecho un ridículo sin atenuantes y los piratas lo han festejado –supongo que también en Londres y quién sabe dónde más—como una victoria de hecho contra nuestra costosa Armada y sobre un Gobierno débil y desconcertado. Hay barcos de otros países en la mira de los corsarios pero los nuestros deben pintar para ellos como peras en dulce. Seguro que los marinos están que trinan como no lo habían estado desde Trafalgar.

Coincidiendo con la exaltación pirata, no muy lejos de esa feria se lapidaba trasantier públicamente a una joven de 20 años acusada de adulterio, tal como el mes pasado lo fueron dos hombres por la misma causa y hace cosa de un año una niña de 13 años que había sido violada. Ése es el Estado con el que han estado negociando nuestros diplomáticos y ése el pueblo despojado por la avaricia colonial del que hablan algunos ingenuos. ¿Se puede llegar a menos de donde hemos llegado? Es curioso que eso le esté ocurriendo a la nación que tiene la experiencia más larga y cruenta como víctima de la piratería. Que anden quitando la Historia de los planes de estudio explica, desde luego muchas cosas.

4 Comentarios

  1. Con nuestra heroica ministra de guerra, pacifista declarada, con nuestro buenista líder conducator, con nuestro redondo y bon vivant ministro de extramuros, con un poliédrico presidente de cortes que dice que en las guerras es preferible morir a matar y con unos militares balbucientes que prefieren humillar la cerviz haciendo de la voz de su amo, nuestro paíiisss, esta Ex-paña de nuestros dolores, se está convirtiendo en el hazmerreir del universo universal.

    Cuando la famosa retirada de tropas -es de los pocos compromisos, junto a las bodas, que no matrimonios, de entrepiernas homólogas, que ha cumplido el Zêjâs- las fuerzas de otros paises despidieron a las nuestras con el coclear humillante de las gallinas asustadas. Ahora, cuando nuestros heroicos y abnegados líderes vayan a ofrecer armamento -porque producirlos, se siguen produciendo- a tropas oficiales o a reconocidos malhechores, el comprador les podrá preguntar si son realemetne armas mortíferas o trucadas escopetillas de feria de las que nunca dan en el blanco. Cuando un dispositivo de guerra -¿o eran cruceros de vacaciones con todo pagado?- con barquitos, helicópteros y armas de precisión no es capaz de detener a un barquichuelo de piratas, más vale que renunciemos a tener fuerzas armadas. Algo se ahorraría. Costa Rica y Suiza, he ahí nuestros modelos.

  2. Lo que usted plantea hoy nen la columna es la desanaturalización del Ejército, la confusión inaceptable para un Estado entre us derecho a la defensa armada y los tópicos pacifistas. Me gustaría que agarrara ese toro por la cuerna y retomara el mtema desde este ángulo, porque sé que no le faltan arrestos.

  3. Pepe Griyo
    Recuerdo con vergüenza el cacareo de los soldados del país más pacífico del mundo (no cuento a Suiza que colaboraba con Hitler).

    También es de nota la actitud de los familiares vascos que se avergonzaron de viajar en un avión del ejército pero no de exigir su ayuda.

    Parece ser que la operación ha costado aparte del “préstamo” concedido a los armadores unos 70 millones de euros, estimación oída a J. Nart.

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