Ha muerto ‘Cándido’, el silencioso maestro de varias generaciones de periodistas, una voz que ha resonado en España durante la eternidad que va desde el franquismo en plenitud hasta el ocaso democrático que vivimos, y ha dicho Umbral de él que es cierto que, dada la dureza relativa de su estilo y la densidad de su mensaje, “se le leía mucho pero sólo hasta la mitad”. En España se lee mucho hasta la mitad y eso cuando se lee, que es en pocas ocasiones, en especial a los escritores que no hacen concesiones a la galería ni se resignan ejercer en este duro oficio de “hombres de placer”. Cándido, por ejemplo, ha sido durante decenios un escritor empeñado en cifrar los mensajes más graves como retando al lector sin rostro a ganarse trabajosamente, al descifrarlos, el derecho a saber, no movido por ningún genero de aristocratismo, sino motivado por la convicción de que no hay cultura sin esfuerzo como no hay duros a tres pesetas. Es probable que su largo ejercicio de autocensura en la prensa antidemocrática haya contribuido no poco a este endurecimiento de su escritura que algunos han interpretado como el efecto del distanciamiento elitista del escritor, pero más bien creo que lo que motivaba a Cándido era su negativa a ejercer en el obrador de esta inmensa pastelería de “pensamiento rápido” (eso que los yanquis llaman “fast thinking”) ante la que hacen cola desganados los ciudadanos de la sociedad opulenta. El auge del columnismo está propiciando una irresisitible banalización del mensaje periodístico al mismo tiempo que el trabajo de esos que Bourdieu llamaba “intelectuales mediáticos” contribuye a la decadencia del debate cultural reduciéndolo a contadas claves de audiencia garantizada. Nos estamos quedando sin sustancia en ese imprescindible debate que inerva la vida social y muscula el criterio colectivo. Y yo creo que sin remedio, además. Lleva razón Umbral, seguramente, cuando dice que a ‘Cándido’ solía leérsele sólo hasta la mitad y ya me parece mucho. Siempre pensé que ese pseudónimo volteriano era toda una declaración de humildad.

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Todavía es válida la propuesta de Lévy-Strauss de que la palabra del ‘comunicador’, como ahora dicen los cursiles, es lo que verdaderamente pesa en la mentalidad pública, lo cual supone un desastre cultural cuyas consecuencias no se han valorado, a mi juicio, como es debido. La opinión del científico, la del filósofo o la del creador experimentado ceden ante el criterio de los bustos parlantes o tienen poco que hacer ante la tentación de la pastelería periodística, lo que constituye, a su vez, una auténtica tragedia que se agrava por el hecho de que ese imperio va ganando luego terreno hasta apoderarse del discurso público o, más concretamente, del discurso político. El escepticismo culto de ‘Cándido’, su manera oblicua de cruzar por las solaneras de la vida, la aparente aunque fingida indiferencia ante el espectáculo degradado de estos tiempos que sus artículos solían mostrar apenas, nos dan la clave de un oficio asumido con la más absoluta determinación de influir lo más honda y extensamente posible pero resignado a que una legión haragana no te leyera más allá de la mitad del escrito. Otros, en cambio, hemos pasado años paladeando hasta la última palabra del maestro, sorprendidos por la vastedad de sus saberes, respetuosos ante el rigor de sus análisis. En la España franquista de entonces también era corriente decir, cuando se quería depreciar a Ortega, que más que un filósofo era un periodista. De ‘Cándido’ habría que decir tal vez lo contrario, a saber, que fue un pensador antes que nada, un razonante que debió a su inmenso valor su relativo fracaso. Ha habido tíos como D’Ors que perseguían el prestigio de la oscuridad. Y hombres como ‘Cándido’ que eligieron la penumbra como clima para su libre docencia. Ninguna prueba mejor de su talento que el cansancio del lector vulgar. En tiempos de “fast thinking” lo raro hubiera sido lo contrario.

15 Comentarios

  1. Justo homenaje y excelente interpretación. así era Cándido. ¿Recuerdas, ja, los encuentros que tuvimos con le varios años en un pueblecito de la sierra, quizá Guadarrama, allí sentado sin beber nada, hablando poco, las cosas que te dijo de tu libro sobre Valle-Inclán? Nosotros lo leíamos hasta el final y él lo sabía. Muchos que soprotais a pie firme esa reto sabéis lo duro que resulta.

  2. A lo mejor o a lo peor lo que pasa es que a algunos de ustedes no se les entiende bien porque no son capaces de expresarse bien, y claro, cansan al lector. Hay muchos articulistas que se leen de un tirón, el difunto Campany, Ussía, Burgos y bastantes más. Los que quieren hacer al mismo tiempo periodismo y ensayo os quedais a medio camino, a media lectura.

  3. O bien (me dirijo al anterior bloguero) puede ocurrir que usted no llegue más allá de la escritura llana, anecdótica y demás, como hay gente que no pasa de la musica fácil o de la pintura convencional. Lo que se dice hoy es muy cierto: hay escritores que no “bajan el listón” deliberadamente, que no guiñan el ojo a sus lectores con trucos facilones, lo que no quiere decir que los mencionados antes lo hagan. GM por ejemplo, como cándido, no se preocupa de ser aplaudido, sino más bien de contribuir a la cultura colectiva. Si usted se queda a media página, preocúpese de su caso antes de descalificar el de los demás.

  4. Espléndida descripción de tan críptico personaje.

    Dentro de poco no quedarán testigos directos de la “gran noche franquista”.

    Que como contrapartida producía el gozo de la descifración de esta forma de comunicación.

  5. Señor Gómez Marín, le leo siempre y a veces estoy de acuerdo con sus opiniones y otras no. Me sorprende mucho algo en este artículo: “como ahora dicen los CURSILES…”. Por favor. ¿No hay correctores en ese periódico? De todas formas, De acuerdo esta vez en todo.

  6. ¿Y qué es lo precsia correción, don Esteban¿ Aa mñi también me repuga oír a esos cúrsiles llamar “comunicador” a los periodistas, locutores, etcétera, que es como siempre se han llamado. ¿Les parece más distinguido o algo así? Pues bien mirado, “comunicador” significa otras cosas bastante prosaicas en otros ámbitos.

  7. Hora de “pensamiento ràpido”, de comida rápida, de matrimonios rápidos, de rápidos viajes , de rápidas fortunas, de vertiginosos viajes, de veloces cambios de chaqueta: vivimos un “fast time”, señores. Lo que nadie sabe es cuánto puede durar esta velocidad, ¿no les perece?

  8. También este VIERNES, hoy, va el anfitrión de Punta Umbría, con esa cátedra ambulante que ha montado para Huelva y Sevilla, y que cuenta ya entre las principales en nuestro páramo intelecyal y cultural. Se trata esta vez de un ciclo sobre Oriente Medio y su conflicto y los ponentes serán, en esta primera sesión el profesor Montávez, y en la siguiente, el ambajador Harel, que lo es de Israel en España. Me cuentan los asistentes (soy habitual) que jagm padece un férreo boicot por parte del PSOE que ,o mantiene incluso cuando pasan por el foro exministros o secretarios generales del partido, o grandes personajes pertenecientes a su militancia. Eso se llama democracia, apertura, voluntad de concordia. Y por parte de jagm indiferencia olímpica y ganas de trabajar en la cultura.

  9. Que inteligente comenbtario el de Abila, nuevo en este blog si no recuerdo mal, con su concisión y su penetrante diagnóstico de lo que nos está ocurriendo en este mundo apresurado y cada día más insustancial que nos ha tocado en suerte. Es verdad: todo urge, todo vuela más que corre en nuestras realaciones, públicas o privadas, nada parece detenerse un momento y cuajar como experiencia duradera. Da un poco de miedo constatarlo pero así es. la coilumna de jagm, como suele, nos pone por delante un aspecto clave de nuestra vida.

  10. Curiosa la propensión a decalificar de mucho Mente-captus, o Menteco si se prefiere abreviado. Despreciable la intención y la descortesía. Me pregunto si tan difícil es callarse cuando algo no te gusta en un publicista, o bien, contestarle en condiciones, quiero decir, con argumentos más sólidos. Mi pequeño desprecio para Menteco. Al anfitrión no le dogo nada.

  11. ¿Será que lleva razón quien ha pensado poner un “flitro” en el blog de Trevijano, donde por cierto, se ha hablado mucho de gm estos días? Yo agradezco a nuestro casero su indiferencia y estoicismo pero a veces pienso que tampoco hay por qué exponerse a que cualquier resentido (recuerden al Marco Trebonio aquel o a algún otro que por ahí ha echado su cuarto a espadas, o más bien a navajas) emborrone un espacio limpio son esos grafitis miserables. ¡Si por lo menos dieran la cara, consigaran el nombre (que para comentar respetuosamente no es necesario) o mostraran su carné de partido, todavía. Pero embozados y desde la impunidad, vamos, hombre.

  12. La expresión “fast thinking” es estupenda. Expresa mejor que una perorata el meollo de esta crisis profunda. Yo he visto deshacerse la cultura argentina como un azucarillo (así dicen ustedes) en un vaso de agua. Aquí ya no hay Borges nu Cortázares. Hasta los Sábatos está gagás por la edad que no perdona. Piendo que en Europa, tres cuartos de lo mismo.

  13. 20:10
    Pero, convendrás conmigo José Antonio, que para tener altura intelectual, profundidad, sustancia y todo lo que quieras más, se puede hacer con una lectura sencilla y clara. A veces se puede confundir “la forma” con “el contenido”.

    Hay muchos escritores muy profundos, que escriben con una prosa sencilla y diáfana, que pueden llegar a mucha gente inquieta que de otra manera a lo mejor no leería.

    No quiero confundir esto que digo con “los estilos”. Cada uno tiene su propia forma de escribir, su identidad, y eso es sagrado, ¡estaría bueno! Quién quiera leerlos o no, esa es su elección.

    Hay un símil que me viene a la memoria con las series televisivas. Casi todo el mundo cree que como no sea “un culebrón”, la gente sencilla no las vería. Eso no es cierto, lo que pasa que por desgracia, la televisión sólo pone ahora “porquerías”. Recuerdo series escritas para la tele, como la inglesa “Arriba y Abajo”, que cuando la pusieron por primera vez, tenía una audiencia bestial, ninguna de las “marujas” nos la perdíamos. Y es una obra maestra. Narra el cambio del “Antiguo Régimen”, al “Nuevo”, finales del siglo XIX hasta los años 30, después de pasar la 1ª Guerra Mundial, describe perfectamente las distintas clases sociales de la época y sus problemas, cómo va cambiando esa sociedad después de la guerra. Analiza la historia hasta desentrañarla. Y sin embargo, era amena, distraída y divertida.

    El ARTE, la CULTURA y lo INTELECTUAL no están reñidos con lo POPULAR, otra cosa es lo populachero, los escritores oportunistas que están pensando en el tema que la gente quiere escuchar para tener más mercado.

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