Con los años y la experiencia he acabado descubriendo una ley que se le escapó a los clásicos: que una sociedad abierta con un gobierno socialdemócrata parece ser el ámbito ideal para que hacer realidad el sueño de la opulencia. No soy lector asiduo de la revista ‘Forbes’ y, por tanto, tampoco es que esté muy al día de cómo evoluciona por esos mundos de Dios y del diablo la industria milloneti, pero unos datos avalados por el Banco de Santader me ponen por delante una estadística difícilmente imaginable, según la cual solamente el “negocio del ladrillo”, como se ha dado en decir, crea anualmente de la nada una cifra redonda de magnates: 44.000 millonarios. Hablamos de millonarios millonarios, esto es, de afortunados que poseen millones contantes y sonantes el banco una vez descontado de su patrimonio total la vivienda habitual, los bienes consumibles o suntuarios (incluyendo el coche fantástico, yate y el avión) e incluso esos que de manera tan cursi se denominan bienes ‘intangibles’, pues qué se yo, el Miró que el señor Roca tenía en su cuarto de baño marbellí, pongo por caso. La verdad, no sé ni bien ni mla cómo se las averiguará un responsable sociata para explicar este milagro de los panes y los peces financieros, pues si echan mano de la calculadora verán que 40.000 millonarios al año suponen algo así como 916 mensuales y nada menos que 30 diarios. Y volvemos a lo de siempre: si es verdad –y no es posible seguir manteniendo al ambigüedad en torno a ese hallazgo—que en España la pobreza convencional o severa es la que es (en Andalucía, un ciudadano de cada cinco es pobre, aunque la Junta no admite más que 70.000…, ‘severos’, eso sí), si lo es que una mayoría proverbial, de familias llegan a duras penas a fin de mes y que las hipotecas resultan cada día más cuesta arriba, mientras ese ejército de potentados surge entre nosotros, es que una contradicción colosal rige el mecanismo de nuestros modelos políticos. ¡Treinta millonarios al día como quien no quiere la cosa, sólo en la ladrillería rampante! Quién sabe si este éxito fulmíneo del capitalismo especulativo acabará socavando la ilusión neoliberal como jamás pudieron hacerlo las utopías y revoluciones más agresivas.

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Hay más datos llamativos en ese fotomatón de las fortunas hispanas, entre ellos uno que, a mi modesto entender, resulta espectacular: que la mitad de todos los ricos de esta “nación de naciones” la constituye un club de 2.750 afortunados, la mitad más o menos de los cuales poseen fortunas que permiten calificarlos de ‘ultramillonarios’ según el criterio que marca esa raya roja en los veinticuatro millones de euros. Los estudiosos que han llevado a cabo la investigación de marras no se han parado en barras para calificar a este sector emergente como “la nueva clase”, es decir con el viejo concepto de Milovan Djilas que tanto dio que hablar por referencia a la ‘nomenklatura’ soviética. La avalancha costera, el cenit de la especulación, los mismos escándalos urbanísticos que traen de cabeza (pero menos) a los graves partidos políticos que padecemos, la proliferación de embarcaciones de recreo que abarrota nuestros pantalanes, los cada día más frecuentes aviones privados y, por qué no, hasta el ‘boom’ comercial del coleccionismo artístico, dan testimonio de esta realidad con la que evidentemente no puede la ética democrática no todos los buenos propósitos del mundo. Por lo demás, se pregunta uno que ocurriría si a esos ricos del ladrillo le añadiéramos los que surgen de continuo de otras tantas actividades en alza, incluso renunciando a contabilizar las rentas declaradamente mafiosas y los negocios delictivos que, como todo el mundo sabe, han llegado a ser el pan nuestro de cada día. Igual llegamos al “reino feliz de los tiempos finales” no marcando el paso tras una encendida marsellesa sino largando mordidas y reventando pagarés. Va a resultar que Marx un pringao, aunque le haya acabado dándole de comer a tanta gente.

3 Comentarios

  1. Y seguimos perdidos en el laberinto…

    Pequeños industriales, pequeños comerciantes, artesanos, propietarios de pequeñas tierras, toda la escala inferior de las clases medias, caen en manos de los grandes grupos, financieros y en los enpresariales de la distribución.

    Londres 24 de junio de 1872.

  2. (Voy a hacer un poco de trampa: repetir este comment aquí y en el Tercio de varas del aguerrido Belmonte, caballero de pica y castoreño, ya que las páginas del chanchullo polichavesiano fraternal han desbordado las fronteras despeñaperriles).

    Servidora es consciente de que se repite, Epirregüeldos, pero el sociatismo rampante silba y mira al techo, mientras que minolles, millones digo, de votantes deposita alegremente el voto del pútrido capullo. Ellos sabrán por qué, de la misma manera que una mete, huy, quiero decir introduce, el voto anulado una y otra vez en la rajita, huy, otra vez. ¿Tantos estómagos agradecidos hay? ¿No se confirmará que alguno prefiere autoamputarse la mano antes de echar un voto gaviotero, esa rata volandona?

    El Anfitrión, Alá que es todopoderoso y justiciero premie su intrepidez/candor, parece asombrarse de la velocidad con que nace un millonetis. Lo que pasa y esto sí sabemos que nos pasa, es que nuestras democracias occidentales están corrompidas y desacreditadas como tal vez no lo llegaron a estar cuando el sol del dinero, el estiércol del pensamiento débil y la humedad de la comodidad y el relajo, hicieron brotar, allá en la primera treintena del siglo XX, las flores hediondas de los nazifascismos.

    La pregunta del millón no es saber cómo, que lo sabemos, sino si está muy lejos el cuándo y si a algunas con canas, como esta vieja zumbada que os escribe, nos pillará en este valle lágrimas.

  3. Estamos tan hartos de estos sociatas como decís que la casi totalidad de este blog, empezando por el maestro, no tendrán que amputarse nada, meterán con mucho gusto la gaviota en la urna, ¿ya no nos acordamos qué clase política son los gavioteros?, ¿es que quizás lo hacen buenos éstos que tenemos ahora?. Pueden ser iguales, pero peores no, y si lo son ¿por eso tenemos que votar a otros menos malos?, ¿es que no existen otras opciones?

    Brazo en alto, ¡arriba españa!

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