La visita de Mariano Rajoy a Bruselas ha despertado inquietas críticas sobre el concepto de soberanía. A un periodista que le ha preguntado qué opinaba sobre que Bruselas enviara a Madrid veedores para controlar nuestras decisiones, él le ha respondido, no poco enigmáticamente, que él también pensaba enviar su comisión a Bruselas. La integridad de la soberanía, real o imaginaria, escuece como la honra en las junturas del alma nacional que es de por sí, en España como en cualquier país que se precie, bodiniana de fondo, pero el problema está en que España forma parte hoy de una federación “de facto” en el seno de la cual ha depositado ese poder “supremo, no delegable, inalienable, no sometido a leyes ni sujeto a prescripción” que contemplaba aquel pionero, bien consciente, por otra parte, de que la soberanía tenía sus límites como casi todo en la vida. Lo extravagante que tienen los micronacionalismos es precisamente eso: no percatarse de que vivimos una hora intregacionista que ha de vérselas, además, con un entorno intratable, incluso incomprensible, que ha forzado a las partes a agarrase colectivamente al madero de la colaboración con ansiedad de náufragos. ¡Claro que nuestra adhesión –¡allá Inglaterra y Chequia con sus mandangas!—limita nuestra soberanía! Pero eso no lo ha dicho nadie mientras estar en la UE ha significado un caudaloso aporte de recursos que ha contribuido a modernizar nuestras infraestructuras –muchas de ellas procedentes de la Dictadura de Primo de Rivera– hasta dejar nuestro país irreconocible. Cuando Ortega decía aquello de “Europa es la solución” quizá estaba pensando en otra cosa pero, en resumidas cuentas, estaba preconizando un futuro imperfecto que ya es presente tenso.

Frente a los reaccionarios que andan trajinando con la idea de deshacer el proyecto europeo para “recuperar” íntegra la soberanía, entiendo que lo que acaso vaya de paso es el modelo de las naciones aisladas hoy impotentes de competir con la exigencia de globalidad que plantean los tiempos. Cualquiera en el lugar de Rajoy tendría hoy que dar los mismos cabezazos y tragarse los mismos sapos que se dan y se tragan sus socios. Porque hemos pasado de la noción romántica de nación soberana a la postmoderna de mosaico recompuesto en el que cada tesela ha de apretarse para ocupar el lugar asignado en el conjunto. Ni a ZP ni a Rajoy les “mandan” desde Bruselas, sino que “se mandan” ellos mismos obligados por la lógica de la Historia. Cualquiera que hoy dijera “Ya no hay Pirineos” sería un cretino a no ser que lo dijera apostando por la imprescindible fusión. Somos un “holding” de arruinados convencidos de que la única fuerza está en la unión.

3 Comentarios

  1. Todo tiene un coste en esta vida, integrarse en una federación aunque lo sea de facto, también. Europa es nuestro futuro inevitable. Pensar el futuro por libre es no tener los pies en el suelo.

  2. Nadie se queja en EEUU hace ya mucho entro del régimen federal, ni siquiera cuando el Presidente envía a algún Estado la Guardia Nacional. Somos muy incultos. Esto no va a resolverse de un día para otro.

  3. Veo en el periódico que donn jagm da hoy una conferencia en la REal Maestranza dse Caballería sobre el teatro barroco. ¿De dónde saca el tiempo este hombre?

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